Sergio Lubel

Así se fué

Estaba sentada en la mesa de enfrente, inclinada como rezando, escribiendo en un bloc de papel sobre el que llovían lágrimas que la obligaban a arrancar las hojas una vez tras otra.

El tiempo la había tratado bien - Pensé - No sabría decir cuánto tiempo había pasado, pero salvo alguna que otra arruga y alguna que otra cana era la misma de siempre.

 

Finalmente, terminó una página y - En un arranque de rabia contenida - Tomó esa última hoja, la hizo un bollo y la arrojó al cesto de basura.

 

El bollo de papel golpeó contra el borde del cesto y cayó fuera, haciendo que se levantara paea recogerlo mientras pensaba en voz alta:

 
  • Por supuesto.

 

Una vez que abandonó el lugar, me levanté, tomé el papel y lo desdoblé cuidadosamente, como si de un antiguo pergamino se tratara.

 

El texto comenzaba con un: “...Así se fué. Casi tan silenciosamente como había llegado, Sin haber creado nada ni destruido nada; sin haber generado vida ni haberla quitado. Tocó tangencialmente las vidas de muchos, pero no llegó a pertenecer permanentemente a ninguna; los niños y los animales fueron lo más cercano a la felicidad para él….”.

 

Se fué sin haber encontrado las respuestas que acumuló toda su existencia, la realidad era un signo de interrogación que aumentaba de tamaño con el tiempo.

 

Caminaba entre acertijos y arcanos, como una entidad que se desplaza en una dimensión a la que no pertenece…

 

Aprendió las nociones básicas de la existencia en este plano: Dolor, placer, miedo, confianza, culpa, castigo, pero todo desde la perspectiva de un soldado romano en una reunión de directorio.

 

Creo que la peor parte fue que era perfectamente consciente  que nada era casual y que toda su existencia estaba manipulada por la entidad superior, que el libre albedrío, así como el bien y el mal eran inventos humanos para disminuir el pánico que provoca la existencia: Incierta cada segundo y con un final - Que también de un modo incierto - No nos avisa ni como, ni cuando, ni donde ni porque.

 

La frase acuñada por la banda Pink Floyd: “Amenazado por las sombras de la noche y expuesto en la luz” Le cabía perfectamente.

 

Lo voy a extrañar al desgraciado, espero que lo sepa, dondequiera que esté. Que en Paz descanse.

 

Si hubiera tenido cuerpo, habría llorado de la emoción, pero los fantasmas hemos pasado a la categoría de recuerdos, y salvo los perros y los niños, nada ni nadie nos puede ver.  

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 16.08.2018.

 

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