Serendipity

Las cosas que faltan

“-Vas a ser la experiencia más bonita de mi vida-… Y noto cómo el pecho se me acelera recién pronunciada la palabra “experiencia”… Porque así funcionan las cosas contigo; no has terminado de decir cualquiera de tus frases estrella; y mi cuerpo ya reacciona de manera anticipada…

Hace ya días que recibí la señal para echar a correr… ¿qué hago aquí plantada y esperando otra nueva sesión? No llego a comprender… -Experimenta esto- dijiste, -no te vayas corriendo, lo que tenga que pasar; pasará y lo que tenga que durar; durará-… ¿Por qué estoy haciéndote caso?

Tal vez me descuidé en uno de esos momentos determinantes y me dejé seducir por cualquiera de tus quinientas cualidades, quién sabe… Y es que estar en guardia tanto tiempo seguido contigo; agota… 
 
Y no tengo argumentos lógicos que expliquen lo que estoy a punto de escribir… Pero estar así me llena, haces las cosas tan fáciles… La mayor parte del tiempo me facilitas la vida… Otra pequeña parte me desespero, porque me angustia no notar el calor que sentía hasta ese momento… y noto una horrible necesidad de arrastrarme hasta que me digas que todo está bien, que no cambia nada, que ha sido una estupidez y que todo sigue igual… Pero hasta que no te oigo pronunciar esas frases, casi precocinadas, me da la sensación de que en cualquier instante todo esto se va a esfumar… Todo esto, que aún no tiene ni nombre, ni forma, ni definición posible…
 
Pero, joder… es que todavía me faltan tantas cosas, que a veces me parece imposible que no hayan ocurrido todavía… Me falta el aire de  tus pulmones derramándose en mi frente… Me faltan tus nudillos tocando la puerta de mi habitación para preguntarme si eres bienvenido a mi cama la noche de un martes cualquiera, teniendo que madrugar al día siguiente… Me falta vernos incrustados en esa cursi imagen de anuncio de mermelada en un paisaje verde, y con un mantel a cuadros rojos y blancos sobre la hierba… Me faltas tú… Ahora mismo me faltas tú en alguna de esas situaciones, o en cualquier otra en la que mi cuerpo no se aleje a más de 50 centímetros del tuyo… haga frío, calor, granice o nieve… Y es que, a día de hoy, aceptaría el puto diluvio universal cayendo sobre nosotros, si a cambio pudiera rozarte durante unos segundos…”


 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 12.01.2014.

 

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