Adolfo González del Valle

Doña Enriqueta Clavijo Gómez-Cullera

Doña Enriqueta Clavijo Gómez-Cullera



Apenas llevaba 40 minutos viuda y ya se sentía otra, una mujer nueva, con esa alegría y energía que dan las buenas noticias. Le costaba disimularlo.

 

Don Vicente desde su ataúd, se encontraba completamente ajeno a los sentimientos de la que había sido su esposa durante los últimos aproximadamente, cinco años. Ese era el límite de cada relación que Enriqueta iniciaba. A los cinco años se le moría un marido.

 



Tico, como ella lo llamaba cariñosamente cuando lubricaba, descansaba ahora además de rígido mas pálido que de costumbre, pues la maquilladora no hizo del todo bien su trabajo dejando una cara difícil de mirar.

 

Hasta ahora le había salido siempre bien, entre otras cosas porque se beneficiaba al comisario jefe de la policía. Entre ambos inventaban coartadas, eliminaban pruebas y borraban cualquier rastro que la pudiera implicar o comprometer. Digamos que simplemente no tenía suerte con los hombres y ahí terminaba todo.

 

Pero ya se le habían muerto tres maridos y Salvador, -el jefe de la policía-, cada vez lo tenía mas complicado. Enriqueta no colaboraba, había llegado el momento de poner las cosas en orden. 

 

Un accidente de tráfico le pareció lo más cabal después de descartar el suicidio. ¿Que motivos iba a tener Enriqueta para suicidarse? Todos la conocían, era inmensamente rica y podía tener todo lo que quisiera. ¡Que se lo preguntaran al forense!

 

Simplemente no daba el perfil para un acto como ese. Además Salvador tendría que sortear, la siempre incómoda presencia de Inés, la empleada de hogar. Mejor en la carretera, de noche, donde no hay luz, elegiría una curva cerrada y despeñaría el auto, un coche de alquiler, ella que tenía veinticuatro, pero el comisario no tenía acceso a ellos, ya inventaría alguna excusa o implicaría a alguien que la hubiese llevado a la ciudad, aun no se le había ocurrido de donde volvería Enriqueta para estar a esas horas fuera de casa recién enviudada. 

 

Dejaría algunos cabos sueltos para que la prensa y las televisiones especularan y pelearan por la audiencia. En la Central, quedaría registrado el accidente por exceso de velocidad y conducción temeraria como causa de la muerte. Ahora ya podría dormir tranquilo.

 

Mandó a Peláez que con los datos que le habia dado redactara un informe. 

 

- A la orden señor dijo el único testigo. El agente se encontraba en el lugar de los hechos porque estaba inspeccionando el terreno en el que iba a provocar un incendio en el bosque a la mañana siguiente. Ya había elegido tiempo atrás los otros dos focos que tendría el fuego.

 

Ahora Enriqueta y Vicente volvían a yacer juntos para siempre. Caso cerrado.


 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 10.10.2013.

 

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