Michail Jamalieh

Piedras y manecillas.

Si me hubieran preguntado en algn momento como sera el maana de mi persona, creo que hubiera pensado en un pasado con amnesia. A veces uno camina por la senda de la discordia y piensa que nada de lo que se le ocurre puede cambiar ese pasado que uno pis, ni ese futuro que nunca pas y que aora tanto.
El xito que palabra complicada, que tiene como objetivo la superacin y a su vez, encierra un engaoso y complejo espejismo de nosotros mismos en un futuro que no se sabe si lo podes agarrar con las manos, o esta tan lejos que casi no se distingue si es real o solo un engao que uno mismo lo crea.
Quien no en un momento, solo en un momento al da, piensa lo que traer esa cosa llamada tiempo que nos maneja como las mismas manecillas de los relojes. es cuestin de tiempo saben decir, pero como ser humano la pregunta es cuanto tiempo ser. No podemos vivir sin saber que se har esta noche de cenar, a qu hora me dormir, cuanto falta para que suene otra vez ese aparatito que tanto odio le tomamos, pero que sin el la vida es un caos.
Creo que nuestra ansiedad y esa curiosidad, que muchas veces mat al gato, nos enjaula en un calabozo de incertidumbre, miedo, nervios y otras emociones fuertes y casi siempre negativas.
Empiezo esto as para que entiendan como sigue esta historia que muchos tomaran como coincidencia comparndola con algn momento y poca de su vida.
Este chico, que no le faltaba mucho para volverse un hombre como los que se idealizan en las pelculas o el que quiere ese padre que est orgulloso de esa criaturita que trajo casi de la nada, tratando de dejar atrs una carga de sentimientos raros, fuertes dira yo, y empezar a alzar esas piedras que vindolas pesadas y llenas de tierra, se asusta y se aferra a esa sensacin de no tener que lidiar con ellas por un buen tiempo, que tampoco es mucho, y pasa rpido. Lo agobia la curiosidad pero al mismo tiempo el miedo lo acompaa. Poco a poco, descubre que con el pasar del tiempo, porque el tiempo pasa y todo es cuestin de tiempo, toma coraje, deja de lado el miedo y la ansiedad junto con la curiosidad ganan la pelea ante esas emociones ya difusas que lo ataban a un pasado que cada da se ve un poco ms lejano y el presente empieza a escabullirse por las grietas que van dejando los golpes y tropiezos de esas piedras que se van achicando en tamao y peso. Es el momento en el que se empieza a pensar en lo que vendr, y si ser bueno, o malo. Ser la suerte que lo pueda decidir, o quizs empieza a rasguar un poco esas sensacin de que lo que venga despus sea cuestin de uno mismo.
Me parece que es esta la diferencia de toda la cuestin que ac se plantea, esa suerte que acompaa a esa cuestin de uno mismo, o solo esa suerte. Ese chico, que ya viene de a poco coleccionando pequeas cadenas que lo atan y no lo dejan moverse libremente como en un momento lo fue. Se acostumbra, y como todos sabemos y lo de costumbre es lo normal. poco a poco va levantando ms peso y algunas veces esas piedras se achican al momento de levantarlas y casi sin darse cuenta es otra ms que lleva arrastrando, hacia adelante, siempre hacia delante.
El caf de la maana, el salir apurado por querer revelarse contra ese aparatito que nos avisa que no hay ms tiempo y quedarse un rato ms, bajo esas sabanas que nos protegieron en algn momento de grandes monstruos imaginarios pero casi reales, caminar apurados varias cuadras para tomarse el bus y pensar que sera bueno poder ir sentado hasta el final del recorrido que es donde empieza otro de nuevo caminando apurado por llegar a la hora indicada pero lo ms lento posible para despuntar el vicio antes de entrar a ese lugar que muchos odian pero que tanto necesitan. Al igual que ese aparatito que nos maneja, en y por el camino.
Entrando a ese lugar dejamos casi todo lo personal afuera y nos volvemos esas maquinitas que tratan de lidiar con el entorno lo mejor posible, y recibir una palmadita en la espalda como cual dueo le da a su perro al hacer una buena accin. Es en ese lugar donde el porvenir empieza a tener ms peso, la suerte y el uno mismo se mezclan y crean un caos, un remolino de sensaciones que poco a poco, junto con el miedo y la ansiedad del saber que vendr despus de doblar la esquina, si lo hago por esta o si cruzo la calle y lo hago por la otra, y ese miedo que empieza a ganar de nuevo, pero acarreado por la ansiedad y la incertidumbre casi ni se nota. Ese uno mismo empieza a tener un papel protagnico en esta novela que parece sacada de la vida de nadie en particular, pero de todos al mismo tiempo. La suerte empieza a quedar como segunda en todo esto, por lo menos as se siente casi siempre, cuando ya no nos sirve echarle la culpa a una mquina, que hace lo que nosotros le decimos, y nada de mas, o a ese otro que est al lado. Esa s que es una sensacin casi impropia y lejana de ser cualidad comn de la masa viviente que domina en todos lados, el admitir la culpa saca ventajas a la hora de levantar esas grandes y polvorientas piedras casi como si algo, no se sabe que, nos ayudara a llevarlas hacia adelante, pero siempre hacia delante.
Llegando el momento culmine, con la ansiedad de sentirse libre de la opresin, que lo rodea durante los ir y venir de terribles y crueles agujas, teniendo como fin sentir esa libertad y la corazonada de recuperar, en parte, el control de lo por hacer y de decidir por que esquina cruzar, si apurar el paso para llegar antes o distraerse con las marquesinas o algn inters en objetos que para uno tienen sentido y que para otros tal vez no. Esa mezcla de olores, colores, luces que se van encendiendo de apoco al llegar ese lado oscuro de la moneda que a veces gira tanto que uno se marea y la pierde de vista. Corremos tratando de tomar ese bus, para tratar de llegar lo antes posible y tener alguna sensacin de tranquilidad al pensar que tal vez, esta vez, se pueda ganar lugar e ir ms cmodos durante ese viaje de las tantas idas y vueltas. Esa vuelta ms tranquila, con gusto a saciedad, a la conclusin de un momento ms de tantos otros que se fueron y ya casi se borran, porque eso sucede cuando uno va hacia delante, y siempre se va hacia delante, aunque parezca ir devolviendo las pisadas al suelo.
Tratando de sentirse despojado de todo lo ya dejado atrs. Y percibir ese aire del lugar que lo acoge y arropa como una madre a su hijo, va soltando piedras, ya sean pequeas o grandes. Ese lugar al que algunas veces, permite entrar como dios nos trajo al mundo, sin ataduras o grilletes, tratando de que el maana sea diferente, aunque sea un poco, movindonos hacia adelante, siempre hacia adelante.




Michail K.J. 2013

 

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Verffentlicht auf e-Stories.org am 19.09.2013.

 

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