Keira Diaz Brandt

Nùmero de destino. Parte I

Había sido afortunada. No.
Toda la vida fui pobre, pobre en varios sentidos, me falto dinero. Me quede huérfana a los cinco años, y mi madrastra, como en muchas historias no fue la excepción.
Pero eso es ahora parte del pasado, también me faltaron mas cosas que me hacían pobre, me faltaba carisma, me faltaba una sonrisa, me faltaba soltura, y me faltaba amor.
Si. Toda una victima. Podría reírme pero no. Dicen que todo pasa por algo. Y a mi me paso cuando menos lo esperaba.

Después de mucho pelear contra el mundo y echarle la culpa de lo que me había convertido, de que mi trabajo se hubiera vuelto insoportable, de que la mujer de mi jefe me odiara, o yo creía que me odiaba, después de ver como mi relación se caía a pedazos, y solo me importaba mis pastillas para dormir, y dormir.
Después de todo eso, es cuando sin pensar en nada, ni en los sueños rotos, ni en lo que habían sido falsas esperanzas, ni en todo lo que me decían los psicólogos y la gente, fue cuando me dirigí y le dije que me jugara solo seis números.
Seis. Mi número de destino.
Y sin darme cuenta estaba comprando lo que sigue a continuación.

Pasaron algunos días, y para escaparme un rato de mi trabajo, tome mi celular, y como no venia nadie, y no tenia mas ganas de hacer nada, me puse a navegar por Internet, y una cosa lleva a la otra, tome las llaves, cerré el negocio un rato, y me fui al kiosco del frente a comprarme algo para comer mientras leía en mi celular algún articulo de algo interesante, o viera algún video gracioso que me hiciera reír y olvidar.
Cuando voy a pagar lo veo. El boleto que me habían dado con seis números escritos.
Lo tenia guardado y no lo había revisado aun.
Volví a mi trabajo, busque la página del último sorteo. Y aca es cuando viene el drama, o la musiquita de suspenso, o esa filmacion en la que ves que el tiempo se detiene y crees que todo puede cambiar.

Y si, todo cambio.
Seis números que habían acertado lo que ya no me importaba. O más bien lo que ya me había resignado.
Me pasaron millones de cosas por la cabeza. Un ropero inmenso con toda la ropa que siempre había deseado tener!!! No. Lo podría tener después.
Decirle a la bruja de la mujer del dueño… tantas cosas que ni vale la pena escribir. Si. Era gratificante. Siempre me había tratado como un ser inferior. Creo que ni siquiera me había tratado como un ser.
Se paseaba con su auto de veinticinco mil pesos por todos lados como si fuera una gran señora. Nueva rica. Frase de una película famosa.
Pero no era más que un simple piojito. Cuando supe con seguridad que había ganado. Deje la llave en el negocio de al lado. Y no me moleste en dar explicaciones, tampoco me moleste en responder llamadas de la mujer del dueño ni del dueño mismo.
Volví a mi departamento, arregle lo que faltaba pagar. Le dije a la dueña que dejaba la mayoría de las cosas que las vendiera o se las diera a mi ex.
Para que llevarlas? Ya no hacían falta. Podía tenerlo todo. Todo!!!
Pero todo era insignificante, comparado a lo que iba a buscar a novecientos kilómetros de distancia.
Entre esas millones de cosas que pasaron por mi cabeza. También paso su mirada. El triste recuerdo de su mirada y hasta creí oír su voz.
Y me decidí a volver.
Continuara…

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 11.03.2013.

 

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