Eduardo Dip

Piso diecisiete

Evitando lo inevitable desvié la mirada cuando nos enfrentamos en la entrada del edificio de la empresa en que trabajábamos. No obstante me di cuenta que la Sra. Clarson no dejaba de mirarme lo que me incomodaba bastante, ya que entre varias personas mas, nos dirigíamos a los ascensores y me resultaría difícil evitarla, pues ambos íbamos al piso catorce por lo que deberíamos esperar por el ascensor de pisos par.
A pesar de que casi no había lugar decidí entrar al elevador igual, pues sabía que esperarlo me significaría llegar unos minutos tarde a mi oficina, y ésta, sería la tercera vez en la semana por lo que no tuve alternativa que aprisionarme junto a ella, quien fue la última en entrar.
Un señor mayor de impecable traje oscuro que estaba sobre un costado nos pregunto secamente:
-¿Piso?-  Ambos respondimos al unísono.
-¡Catorce!- Y su voz suave se perdió en mis oídos mientras yo tartamudeé en la última sílaba no pudiendo disimular mi nerviosismo, mientras el Sr. de traje oscuro la miró con gesto de desaprobación.
 
Quedamos en una posición incómoda, al menos para mí, ya que sentía rozar su cuerpo contra mi espalda, lo que en unos segundos se transformó en un contacto directo de sus prominentes senos sobre mi parte posterior. Al detenerse el ascensor en cada piso que descendía gente, apreciaba un roce casual en mis glúteos pero no podía percibir de quien provenía, aunque tenía la firme sospecha que era originado por la misma persona.
Si bien no había observado directamente su figura esa mañana, sabía que, como siempre, estaría vestida elegantemente con un sesgo de sobriedad, pero sin dejar de destacar su marcado cuerpo curvilíneo, pudiéndose apreciar sus dotes de mujer desarrollada en plenitud, y esto, sumado a sus rasgos faciales de una particular belleza, hacían de mi imaginación, un oasis en medio de tan tumultuoso trajinar diario que desgastaba nuestras mentes cada día.
Ya arribados al piso undécimo y habiéndose descomprimido bastante el habitáculo que nos transportaba a destino, no tuve mas remedio que ponerme a su lado, ya que además sabía que éramos los únicos que descenderíamos en el catorce, y como correspondía, ella lo haría en primera instancia, lo que me permitiría además poder observarla al detalle sin que me queme con su mirada. Dos pisos mas, número fatídico para algunos e indiferente para otros, solo quedábamos tres personas por terminar el monótono periplo diario previo al inicio de jornada laboral.
Estando a espaldas y a un paso por detrás del imponente Sr. Clarson, imprudentemente ella tomó mi mano por tres segundos hasta que la puerta automática al fin se abrió en nuestro destino. La Sra. Clarson           saludó a su esposo y a paso firme caminó por el pasillo rumbo a su oficina.
En el momento en que me disponía a hacer lo mismo, el Sr. Clarson, vicepresidente de la firma, se dirigió a mi secamente y con vos firme me dijo:
-Venga Sr. Rizzoli, suba al diecisiete conmigo. Necesito hablar con Ud.-  Y esas palabras retumbaron silenciosamente en mi cabeza por tres pisos mas.
 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 12.02.2013.

 

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