Mario Taché Abad

Besugo al horno


La escarcha cubría toda la avenida y el olor a contaminación se respiraba en todos los rincones del barrio, el canto de la sirena de la fábrica le despertó como cada mañana, a la misma hora, conocía bien ese canto, desde dentro y desde fuera. Tras varios intentos de coger de nuevo el sueño y varias vueltas sobre la almohada, se levantó y se dirigió a la cocina.
La cocina era una pocilga, sucia y desordenada como el resto de la casa, había colillas de cigarrillos y latas de cerveza por todos los rincones, y en la mesa los platos cubiertos de restos de comida reseca de días.
Las ventanas llevaban cerradas varias semanas y un olor fuerte y desagradable se pegaba a las paredes, había varias velas por los muebles, apagadas y con la cera reposando en la madera, el suelo se le pegaba a los pies. Abrió la nevera, cogió una cerveza, se dirigió al comedor y apartando varias cosas se sentó en el sofá.
Encendió el televisor, estaban dando anuncios, dejó el mando en la mesa baja al lado del paquete de tabaco y una cajita de metal, cogió un cigarrillo para mezclarlo, todos los días hacía lo mismo, como un ritual. Se bebió la lata despacio, a sorbos, con la mirada perdida en sus historias, se perdió durante horas como en sus mejores días, en los de crisis baja, en el momento cumbre no salía de la habitación.
Jugaba con el humo a hacer figuras y luego a destrozarlas con las manos, se colgaba en un dibujo o se reía de la tele, con cualquier programa, también lloraba.
Hoy estaba serio y distante, con la mirada segura, se abrió otra cerveza y cambió los canales, paró en un programa de cocina repetido, Besugo al horno era la receta.
Sin prisa dejó la lata en el suelo y mezcló otro cigarrillo… Lo lió y lo encendió, le dio tres caladas y lo dejó en el cenicero de madera con la figura de una mujer desnuda en el centro, se levantó enfilándose hacia el pasillo, entró en su habitación y cogió algo del cajón de la mesita, se quedó mirando al frente durante varios minutos para después dirigirse de nuevo al sofá.
La cebolla hay que cortarla muy fina y freírla muy lentamente, justo hasta que se dore comentaban en la tele, sus mano temblaba bajo el bolsillo mientras jugaba a la ruleta con el rodillo y la culata, estaba fría, el sudor le recorría la frente y no podía pensar claro a pesar de tener claro lo que pensaba, miró al cocinero como preparaba una salsa y alzó las manos a la altura de la cara, se quedó mirando el arma y abrió la boca.
El besugo ya estaba casi al punto y el dedo pulgar de la mano derecha apretó el gatillo a la vez que sonaba la campana del horno, el cocinero sacó la bandeja con unas pinzas, hizo la presentación del plato y tras explicar la receta cerró el programa para saltar de nuevo a la publicidad.
Tercer premio de relatos cortos, Concurso Desafíos para escritores noveles.
DESAFIOS DIGITAL. www.jmlazaro.bloqspot.com
archivo: julio 2005


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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 16.09.2011.

 

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