Román Sandoval Torres

EL ARBOL DE LOS MUERTOS

 

EL ÁRBOL DE LOS MUERTOS

 

PRIMERA PARTE

LA PRIMERA MUERTE

 

1

 

El día daba su último suspiro, el sol se escondía en el horizonte lentamente, sus rayos perdían fuerza y dejaban de iluminar las formas de vida que ahí se encontraban, y la obscuridad finalmente tomaba posesión de su poder, cobrando para sí, la primera víctima.

 

Un joven campesino corría desesperado por entre la maleza, huyendo de algo que lo aterraba bastante, corría incesantemente sin siquiera mirar atrás y sin darle importancia a los peligros que la naturaleza tenía preparados; cierta locura la cual no entendía, lo obligaba adentrarse en el tétrico bosque donde estaría completamente solo a merced de la obscuridad y sin nadie que lo ayudara.

Llevaba consigo, presionando fuertemente contra su pecho una esfera de cristal hueca, con algo en su interior; la había cubierto torpemente con una manta vieja y desgastada que solo dejaba ver algunos destellos de luz provenientes del interior de la esfera.

Sujetaba cada vez mas fuerte el objeto sin perder el paso firme, evitando a toda costa que el objeto sufriera algún daño, por minúsculo que este fuera, lo cual indicaba que era demasiado valiosa la carga que portaba aquella noche de otoño.

 

Conforme avanzaba, se encontraba cada vez mas solo en aquel tétrico lugar, los árboles disminuían considerablemente, lo cual indicaban que estaba bastante lejos de su hogar. En un instante, se encontró en un claro desprovisto de vegetación y de arbustos grandes que limitaban su vista. Logró visualizar dos pequeñas lomas que le impedían el paso y se dispuso a subirlas pese a que esto implicaría disminuir su velocidad y que la cosa que lo perseguía se acercaba cada vez más. Logró subir con bastante agilidad y cuando se vio en la cima, un estruendo lo obligó a detenerse en seco; no podía darse el lujo de detenerse y perder el tiempo, pero debía pensar por un segundo y decidir que hacer con la carga que tan solo al tocarla, había quedado maldecido. Cuando sintió que aquello se acercaba hacía donde él se encontraba, emprendió nuevamente la carrera. Mantuvo firme su paso por al menos 300 metros de distancia hasta llegar justo a la orilla de un pantano donde se detuvo por segunda vez a tomar una decisión, se percató de que se encontraba en un callejón sin salida.

 

Un golpe de terror azotó su cuerpo como un rayo parte a la mitad un árbol en una fuerte tormenta.

 

-Maldita sea. Profirió un grito desesperado.

-Agua, no puede ser, primero aire y ahora esto………………

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 16.04.2010.

 

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