Gab Ros

yo cuervo aceché mi muerte

Estoy harto y cansado de este martirio me dije anoche a mi oído, sonaron gritos de desesperación dentro de mi cabeza, sentía que un infierno lleno de cabros mal olientes y perezosas hienas mordían poco a poco mi cerebro haciéndome desvanecer en un mar de sueños rotos, haciéndome ver borroso mi alrededor pensando en gaviotas de color marrón rodeando mi débil ser, esperando mi adiós para comerme poco a poco desgarrando el dolor de mi ser, saboteando mi sistema vascular decepcionadas de no encontrar sangre sino dolor, penas, amargura, rencor, son ellas o son sus almas las que absorberán toda la inmundicie, que llevo adentro.

 Son cuatro gaviotas y un cuervo que quiere comer mis ojos pero no lo dejan, puede contra dos que están de espaldas a él, devorando mi corazón, pero una menea sus alas a la velocidad de la luz, haciendo que ningún infame sujeto pueda acercarse a los restos de mi, y es la otra quién afila su pico contra esmeraldas escarlata, es desgarrador el increíble y preciso corte que hace la cuarta gaviota para que todos coman de mi sucio y podrido corazón.

Sentía en mi alma que el cuervo quería mis ojos, sé bien que son su trofeo, se bien que no puede morir feliz si no los posee para él solo, ha sido el único que me acompañó en el pasaje más angosto de mi vida en el que mis huesos retumbaban fuertemente como sonidos de truenos al desquebrajarse por la presión de las  rocas sin sentimientos que caían sobre mí a cada paso que daba.

Él me acechaba suavemente moviéndose lento pero seguro que en dos segundos podría quedar atrapado vulnerable a su potente mandíbula que al cerrarse podía penetrar hasta los más profundos pensamientos de mi cabeza. Él sabe que debe de hacer algo antes que esas malignas hadas de luz marrón se den cuenta del intenso brillo que llevan esos dos diamantes que son las ventanas de mi alma, mis ojos…

Cualquier ser que posea esos dos diamantes ante mi caída final, podría tener la vida eterna que viene del infinito deseo mío por ser inmortal, este cuervo lo sabe bien y no lo sabe desde anoche… lo sabe desde antes, lo sabe desde que existo, este sabio animal es el único que sabe lo que valgo, y lo sabe bien porque esa ave rapaz que quiere alejar a quienes degustan mi muerte, sintiendo que me hacen desaparecer, es el inmortal ser que he visto darme su apoyo aunque me quiera sacar los ojos.

 Sé que tengo que ayudarlo solo él se merece tener mis ojos… solo él se merece tener la inmortalidad de mi deseo, solo él se debe quedar con el tiempo que he de derramar como tinta de sangre en este sueño de vida, solo él me merece, pues me conoce tanto como yo… me conoce porque ese pájaro impotente me recuerda pensar en que yo veo mi muerte desde este árbol encarnado en el cuerpo de un ave que sufre por engendrar vida en su inmortalidad, esa inmortalidad que nos hace ser uno solo…

Es animal cuando desperté era yo sentado en la esquina de mi habitación, sudado y con la boca seca y amarga, con lagrimas en mis ojos que me hacían flotar en un pequeño lago de dulce amargura fruto del dolor, pues me encontraba acechando los problemas que me están matando.

Gab

 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 21.01.2010.

 

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