Maria Teresa Aláez García

Preprimavera.

Preprimavera.

 

Languideció la tarde vistiéndose con oros.

Maquilló sus pestañas con tinturas de vientos.

Se adornó con encajes de pinturas, sonoros,

 de la estela de espuma y de las ondas de tiempo.

 

Arañaban los mástiles, recodos del cielo,

 levantando las faldas de la noche sombría

 y los brillos de luces del ocaso postrero

encandilaron ojos de miradas perdidas.

 

Se entristeció la tarde cubriéndose con oro.

Y se durmió con párpados  ciegos y desiertos.

Desvistió sus encajes de pinturas, ya mudos

de la estela de espuma y de las ondas de tiempo.

 

 

Tú a mi lado. Yo al tuyo. Tan próxima  y, tan  lejos

la abrazadora niebla que  enlaza y nos cobija,

y separa, fríamente, el ardor de los cuerpos

que  silenciosos buscan el calor de los días.

 

Tú no sabes. No comprendes. Yo no hablo ni espero.

El mar susurra a solas para mentes dormidas.

La sal pinta astillados, los nervios del madero

que se mece y vigila la mañana perdida.

 

Miras el horizonte rescatando nostalgias.

Las sombras recogen nuestros pasos cohibidos.

Preparan una alfombra sobre cobrizas tablas

y guardan el recuerdo de todos los caminos.

 

 

La luz de la mañana

sobrecoge a la tierra.

Tímidos, los estambres

se abren y desperezan.

El caracol que lento

desplaza su quimera

observa y deja un rastro

de brillantez somera.

Explosión de color

de luz y amor del día.

Naturaleza blanca

de primavera fría.

Naturaleza dulce

que adorna en la ventana

el ser tibio del cielo

Tu  y yo. La voz y el alma.

 

La primavera entra, tímida, por las rendijas de la brisa matutina. No se atreve a dar el paso de golpe y se reserva por que no quiere dar una mala sorpresa. Pero no sabe que los seres le preparan una gran fiesta. Como diosa de la vida, los seres que laten ofrecen sus caricias, cariños y sus cuerpos para que con su varita disponga qué hacer con ellos.

 

Y como mariposas, las hojas vuelan hacia el cuidado del tronco y protegen sus brotes, los brotes de sus flores. Como aves de savia y clorofila, alimentan los colores que se han de mezclar para vestir el amanecer de la luz. Y ya, preparada la fiesta, puede entrar la diosa  y mostrar su poder.

 

Diosa que viene acompañada por una sabia amiga que trae el aceite de la vida para consagrar la naturaleza a la belleza más alta y más sensata: la del amor.

 

 

Y sobre el mármol, los tules.

Sobre la tierra, el cristal.

Bajo los tules. La vida.

Sobre la arena. La sal.

 

Sobre tus ojos, sonrisas.

Sobre tu rostro, ternura.

Bajo tus labios, un beso.

Entre tus risas, dulzura.

 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 21.03.2009.

 

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