Maria Teresa Aláez García

Para qué existimos los defectuosos

 ¿Para qué existimos los defectuosos?

Hay una generalización acerca de la percepción de la belleza. Varias.

La principal está escrita en refranes.

La persona bella, tiene buen corazón, buenos principios. De su boca sólo salen bellas palabras. En sus preciosos ojos sólo entran ideas buenas. Todo lo ve bien. Todo lo cambia a bonito. Es una persona sensible e inteligente con una bonita voz, con buen gusto y que solamente puede hacer bien a los demás.

Si se pudiera, el mundo sólo estaría poblado por gente preciosa, a ser posible, por naturaleza.

Entonces, supuestamente, se acabaría lo malo y lo feo.

Los griegos ya lo intentaron, echando por el monte olimpo a los niños y niñas defectuosos. O los abandonaban. Como hacen los chinos ahora cuando les nace alguna niña que la dejan tirada en la calle, muriendo.

También en otras culturas, se ha sacrificado a las personas feas o taradas, - etiqueta colocada por quienes se suponen que tienen un puesto en la sociedad y en la cultura, un papel preponderante y que saben mejor lo que conviene a los demás – en pro de un beneficio, como si fueran maldiciones o para evitar precisamente esa maldición. Sólo en la India sé de algunos casos donde la gente que nace con algo considerado por el resto de la humanidad defectuoso, es acogida o en aldeas o en ciudades donde se reúnen y conviven pacíficamente – cosa rara, dado que son feos y defectuosos – o son incluso adorados por parecerse a algún dios de los que ellos adoran. Lo malo es que tienen otras costumbres salvajes como por ejemplo tirar a viudas a la pira funeraria. Los occidentales es que no hemos tenido ninguna: los celtas no sacrificaban a sus mejores héroes desnucándolos en un sacrificio para mantener a los dioses contentos o para dar la vida por su país o no se han sacrificado a Baal en los países mediterráneos, a personas.  O meter a niños dentro de las estatuas para darles vida. Son cosas que, claro, como correspondían a aquellas épocas, eran normales. Como ponerse corsés de ballenas y cosas similares. O violar menores, cosa muy normal también.

En fin. De la abundancia del corazón habla la lengua, dicen. Y que la cara es el reflejo del alma dicen también.

El caso es que a las almas y cuerpos bellos no se les puede dar nada negativo a hacer. En los cuentos de hadas, en las películas, siempre se deja a los personajes feos, realizar las tareas más duras y cruentas y además tienen mal final. Los guapos, siempre ganan o se lo merecen todo. Y además guapean a quienes tienen alrededor. A veces, dentro de un feo sale un ángel o algo similar pero lo más normal es que aparezca un alienígena o un depredador.

Claro, a las almas y cuerpos bellos se les dedica  la admiración y se las conserva como si fueran bellas esculturas para ser condecoradas. Por su inteligencia. Ya se sabe que la primera impresión es la que cuenta y a cuánta gente por su belleza se la ha cogido para trabajar en detrimento de quien podía tener peor presencia  o quizás menos belleza pero más talento. Ahora las personas con talento se embellecen para ser también valoradas por los ojos.

En esta era de la imagen, seguimos siendo primitivos e inconscientes. Lo que vemos y olemos es lo que nos gusta pero eso de pararnos a pensar, no suele ser normal y es muy laborioso.

A la hora de repartir las faenas, también etiquetamos. A las personas bellas para que den buena imagen se las coloca en puestos de responsabilidad. A las feas, lo más ocultas posible. Y las feas que pueden pasar a bellas por que sólo tienen un problema de imagen, con más razón. Algún alma caritativa las puede descubrir. Mientras tanto, si no sirven para presentar al mundo una muestra de su “género” bien escondidas. Y a realizar las peores tareas. Cualquiera pone a una persona guapa a hacer una tarea donde quede mal. No puede ser porque eso haría que su imagen fuera feísima. Y no es congruente. No, no. Las “merdés”  han de sufrirlas las personas con dejadez, taras, defectos de todo tipo y feas. Alguien tiene que llevar el peso de la miseria en este mundo. Y no puede ser la gente guapa.

Veremos si piensan lo mismo las víctimas de Belle Gunnes. O quizás las de Jesse Pomeroy. Igual las criaturas de Marc Dutroux pensaron en sacrificarse para que él mantuviera su belleza. O las de la condesa Bathory. O quizás los de la pareja Paul Bernardo y Karla Homolka. Todos personas guapísimas de verdad. Como otros tanto sociópatas y psicópatas que andan por ahí dirigiendo negocio, teniendo familia estables y acabando con la vida o la seguridad de gente no tan guapa. Lástima que no tuvieran un feo a su lado que les hiciera todo el trabajo sucio. 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 24.02.2009.

 

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