Maria Teresa Aláez García

No habrá fin del mundo.

Mala noticia para todas las religiones que anuncian el fin del mundo: por ahora y en los próximos cinco mil millones de años, no ocurrirá nada.

No sé exactamente para cuándo está previsto el siguiente cambio del sol. Aunque sea paulatino, no se podrá impedir.

Por otro lado, aunque veamos enormes avances en la ciencia, etc… como personas, estamos en pañales. Somos unos criajos. No hacemos más que pelear como si viviéramos en un patio de recreo y vivir al día como si el futuro no tuviera nada que ver con nosotros.

En lugar de preocuparnos por ser mejores, por dejar un futuro bien construído para quienes vienen detrás de nosotros, nos preocupamos por nuestro dia a dia, por dejar un futuro bien construido para otros que se aprovechan de nosotros y que acabarán con el mundo porque también viven al dia y cuando muramos, según algunos – la realidad es que nadie sabe lo que ocurre cuando uno muere salvo la descomposición del cuerpo físico, que antes, como nos enterraban en la tierra, pasados miles de años, formaban petróleo pero ahora al enterrarnos dignamente en cementerios bien resguardaditos o cremarnos, pues no somos más que cenizas que quedan en nada- se acaba todo. Yo creo que pueden existir otras formas de vida en el universo, dado que se han encontrado o se están encontrando sistemas solares similares al nuestro y planetas similares a la tierra en condiciones según dicen porque nadie ha acudido allí para averiguarlo. Pero en lugar de mirar por dar una oportunidad a nuestra raza que tanto bueno hace – aunque también tanto malo ha realizado – y que sea una más entre todas las que existen en el planeta o en el universo, llevamos el camino de acabar no sólo con nosotros sino con todo lo que nos rodea. Menos mal que existen personas que sí miran más allá en el futuro y tienen conciencia de que aunque no existamos quienes somos ahora, pueden existir otros. O igual nosotros mismos pero de otro modo, dado que en nuestro planeta se produce un reciclaje continuo de todo, mal que nos pese.

Pero conviene más no tener conciencia de ello. Conviene no mirar más allá y quedarnos sólo con lo de aquí. Aprovechar hasta aniquilar lo que tenemos aquí, no vaya a ser que nos  lo quite alguien, en lugar de cuidarlo y hacerlo crecer para que todos podamos disfrutar de todo. Como los niños de patio, los pequeños, que se van asegurando un lugar, que necesitan ir afianzando su personalidad, vamos peleando y recreando todo lo que hemos aprendido de pequeños y que nadie con sinceridad se atreve a desmentirnos. De qué vale decir que no matemos pero darle un arma a nuestros hijos y que luego, tras ocurrir horribles accidentes como los de los dos niños estadounidenses de ocho y doce años que mataron, respectivamente, a su padre y a un amigo y a la madre, los juzguemos como adultos cuando la responsabilidad era del responsable de la casa por haberles dejado el arma y haberles enseñado a disparar; de qué sirve tener hijos y amarlos llevando una doble vida y violando a los hijos de los demás. De qué vale decir a los hijos que no se roba y después realizar una estafa o inducir al marido o a la mujer a que cometan un delito para irse de vacaciones a dios sabe dónde, y que luego los hijos vean al progenitor en la cárcel. De qué sirve decir tantas y tantas mentiras para quedar bien si de todos modos se van a descubrir. De qué vale hacernos sentir desesperación y después darnos una lección aparente si de todos modos estamos peleando por nada. Nada de ello nos vamos a llevar a la tumba. Nada nos va a hacer más felices.

Mientras tanto seguimos sin querer darnos cuenta de que vamos destruyendo el planeta. De que el sol va creciendo. De que a duras penas hemos podido poner el pie en la luna y no todos, sólo algunas personas. Si queremos, paulatinamente, ir llevando a la humanidad hacia otro lugar para conservarla, tenemos que encontrar el planeta adecuado, desarrollar naves espaciales, mejorar las condiciones para viajar, prepararnos nosotros, adecuar el planeta para poder vivir, lugares para poder trabajar, mejorar salud, etc… No vale eso de que llevando una pareja de cada especie animal, vegetal, etc… y muchos libros podremos continuar con la evolución de las especies. Pero lo que no hemos de llevar y hemos de dejar erradicada es esa manía de ser poderosos y ser el gobernador del mundo mundial, el más rico del mundo, el más de lo más. Eso no ocurrirá nunca. E ir desprendiéndonos de bagajes de la antigüedad que vamos aprendiendo en la historia y que nos debería servir para no volver a repetirlos. El machismo, la esclavitud, la represión, la xenofobia, la guerra, los asesinatos, las enfermedades. Si podemos tener aquí un bienestar, sabremos aprovecharlo en cualquier otro lugar donde vayamos.

Y espero que las otras especies del universo sean pacíficas y nos quieran aceptar. Seguro que lo harán si ven que evolucionamos a bien a pesar de nuestro espantoso pasado, dado que pasado está y sólo ha de servir para no cometer los mismos errores.

Ahora dicen que somos un holograma. Igual la idea de la película “Matrix” puede ser cierta. Mira que si es verdad que vivimos en dos dimensiones y lo que tenemos ahora sólo es una realidad virtual... De todos modos igual se reproduce en nosotros el “tebeo” que se vive en la realidad donde se construya la realidad real. Y ciertas cosas no deberían de existir, ni en la realidad real ni en la virtual. Si a alguien le gustan las armas, que las use para tirar al blanco por gusto o para tirar al plato y deje a los demás en paz. Seguramente los fabricantes de platos y de armas se lo agradecerán y nadie saldrá herido, teniendo precauciones. A todo se le puede dar un uso beneficioso igual que un uso perjudicial. Pero mejor que usar armas y ser agresivo, quizás usar el tiro al blanco en cosas que sean más necesarias y más productivas como en la cura de enfermedades, en una mejora educativa, social, urbanística, biológica, antropológica, etc… de todo lo referente a nuestra especie. Por algo estamos aquí y alguna vez se nos miró con buenos ojos.

Pero no. No hay fin del mundo. Lo siento.

 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 23.02.2009.

 

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