Maria Teresa Aláez García

Espejo

Estoy escuchando Margherita de Ricardo Cocciante. Es una canción que marcó una etapa importante de mi vida hace muchos años, en el siglo pasado, concretamente y que espero algún día contar. De esas positivas que no quiero escribir pero que igual puede servir de algo.

 

Mientras tanto estos días estoy haciendo reestructuración de blogs, de webs, clausura de espacios, retirada de documentos y espacios, limpieza en mi cabeza, en mi casa, limpieza de memoria del ordenador. Videos, imágenes repetidas, documentos repetidos. Reorganizando y reestructurando, tirando, cambiando y parece que el pobre aparato se alegra.  Desde que limito el I.R.C y el M.S.N., vuelvo a tener mi regularidad, mi disciplina y mi espacio aunque me sigue faltando tiempo. Y eso haciendo multitarea – mientras trabajo, realizo las tareas de Internet y el ordenador, todo a la vez – pero de todos modos me sigue faltando tiempo.

 

Estoy encontrando carpetas perdidas por ahí con documentos que no recordaba haber guardado pero que sí lo hizo el ordenador. Ayer puse uno, hoy coloqué otro y seguiré en los días venideros. Documentos de años atrás.

 

Mientras me da tiempo a acabar lo que tengo pendiente, a preparar bien la redacción del Pabellón de Mies y el resto de los textos para el estudio y ampliación de vocabulario y el de estructuras poéticas. El pabellón de Alemania de Mies es un lugar que junto a otros, espero visitar un día y del que me ilusiona mucho escribir así como tengo enormes deseos de visitarlo. A mí me parece divino.

 

El texto que viene es un desahogo de esos negativos que tengo muchas veces. Por lo tanto dejaré los videos de Margherita y de la canción que cambié en su momento, por la original. Aunque vaciara en su momento mi mente de detritus, al menos dejaré algo de belleza. Espero que la música solucione lo que mi mente rompa.

 

No. No he sido nunca ni seré una Margherita, dulce, sensible y buena. Más bien me he parecido a una Rizzo (Grease) pero en su peor faceta. Pero, que conste, que me hubiera encantado serlo. Creo que esa “Margherita” anda escondida por ahí. Es una faceta más de nuestra personalidad, que todos tenemos al igual que lo puede ser Rizzo. (No tengo personalidad múltiple).

 

Hoy me miré al espejo. De un modo realista.

 

No me gustó lo que vi. Pero es que nunca me ha gustado lo que me he encontrado ante el espejo.

 

Cuando era niña, veía a un engendro con unas enormes ojeras que no era capaz de reírse. Los ojos, eso sí, los ojos muy expresivos y bonitos pero poco más. Una boca enorme y fea, una nariz pequeña y el pelo, que me gustaba largo y recogido, recortado por mi madre que gustaba de que llevara siempre el pelo casi al dos o al cero. El uniforme marrón con su cuello en pico, la blusa beige que salía del cuello, la falda tableada, los calcetines que a saber de dónde habían salido, marrones y los zapatos marrones que nunca eran los reglamentarios del colegio, porque había que romper la norma. Creo que sólo en una ocasión llevé los zapatos reglamentarios pero me duraron poco porque pasaron a mi hermana que gustaba más de ese tipo de coquetería.

 

Llegó la adolescencia. Entonces añadimos más cosas. Gafas, un cuerpo regordete y un culo y una barriga para quitar, que al final quité, por cierto, pero que para mí siempre siguieron ahí. Entonces recuerdo que una noche intenté hipnotizarme para ver si me volvía normal como todas las chicas, coqueta, si podía vestir como ellas, pensar como ellas, ligar como ellas y hacer todo como ellas. Porque no es que me faltaran pretendientes, no. Es que a mi no me iba lo de los besos y abrazos sino ser salvaje, bien salvaje y subir los muros de la Rambla de Benipila, bajarlos y después recoger mazorcas de maíz. Por ahí lo dejé escrito.

 

La juventud. Se acabó lo de subir y bajar el muro pero sí seguía practicando la espeleología y el alpinismo, me gustaban muchísimo. Por aquel entonces sí llevaba mi larga melena y era muy delgada aunque aún me seguía viendo obesa. Podía ponerme cualquier cosa pero ahora otro problema me alteraba: la espalda no era lo suficientemente recta y el acne de la cara, que ya no se ha vuelto a ir, apareció y dejo su tarjeta de visita. Me seguía viendo las enormes ojeras, las comisuras de la enorme boca hacia abajo, la pequeña nariz, los ojos vivos, el pelo que era un encanto. Intenté pintarme, pero no surgía nada, no se me podía ver pintada. De hecho ahora me ocurre, no sirvo para ir pintada.

 

En la madurez subieron un poco los kilos. Al cambiar de lugar de residencia y además al dejar la espeleología. Ahora se añadían los kilos que empezaban a pesar aunque seguía estando delgada.

 

Y ahora. Ahora es un esperpento con el cual tengo que vivir. El pelo canoso, pero no blanco como me gusta a mí. Los ojos sin pestañas, el cuerpo obeso y sin posibilidad de cambio por ahora.

 

A qué aspiro, digo yo. Parece como si no acabara de aceptar mi lugar y posición. Esta tarde pensaba en qué puede haber de malo en que una persona tenga una gran energía, que tenga ganas, inquietudes y curiosidad y no permanezca muerta en vida, como muchas otras. Pero claro, para estar en ciertos sitos, es  una humillación.

 

 

Contigo aprendí,

qué gilipollas puedo ser en un momento,

contigo aprendí,

lo idiota que una en dos minutos se ha vuelto;

contigo aprendí,

que la vida es miserable y una mierda,

contigo aprendí,

que no hay futuro ni esperanza en alma alguna.

 

Y aprendí,

que la gente es mentirosa y miserable,

que el que no corre vuela en esta tierra infame,

que aquí no cabe ilusiones ni el amor,

 

Contigo aprendí

que en esta vida engañar es lo mejor.

 

 

Contigo aprendí.

Alejandro Fernández y Malú.

http://es.youtube.com/watch?v=ro1Brh_Xzsk

 

Edith Marquez y Armando manzanero.

http://es.youtube.com/watch?v=XgY2coR9sgA

 

 

Margherita. Ricardo Cocciante.

 

Esta en concreto es la que escucho.

http://es.youtube.com/watch?v=RHNDjJNTnyk

 

En italiano.

http://es.youtube.com/watch?v=YOiWNftto0s

 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 09.10.2008.

 

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