Arash Farzaneh

Una marciana historia de amor

Érase una vez un marciano que cayo del cielo. La razón? Porque estaba enamorado. Nuestro marciano no llego en una nave espacial llego solo en forma de un muchacho llamado Horacio. A primera vista el parecía como cualquier muchacho, tenía cabello medio corto, no era ni flaco ni gordo y tenía una gran sonrisa. Cada día el iba a trabajar en una escuela y su vida no conocía sorpresas. Hasta que …

 

Bueno, a decir la verdad, nuestro muchacho / marciano se sentía bien solo. Los marcianos necesitan mucha afección y amor porque ellos son extranjeros en todos los lugares, a donde  sea. Aunque guardan su identidad secreta y la gente casi nunca se da cuenta, los marcianos saben que en su corazón su forma de pensar y vivir es tan diferente como el sol y la luna. En su casa se sentía muy solo y cuando andaba por las calles sonría pero en realidad lloraba.

 

Hasta que un día se enfermo. Cuando algo malo sucede, los marcianos siempre piensan lo peor y el pobrecito pensaba que iba a morir en unos días. El odiaba a los médicos pero decidió hacer una excepción. Así se encontró en un laboratorio donde vio y conoció por  primera vez ¡a su corazón, su gran amor, su marciana!

 

Ella, aunque le gusto el muchacho fingió estar enojada y muy estricta. Le dijo que regresar tres veces mas. El obedeció, muy preocupado por su salud. La segunda vez se dio cuenta que la enfermera no era enojona y además que le gustaba la poesía, lo que era muy raro en esta ciudad. Así que comenzaron a hablar sobre la literatura y se le olvido al muchacho preguntar sobre su estado de salud. Algunas personas dicen que en verdad no tenía nada, otros dicen que la cura era simple y difícil de encontrar en este mundo: el amor.

 

Después el muchacho sentía que ya no era solo en el mundo y cuando una noche le confesó  su verdadera identidad, ella le contesto de manera igual.

 

“¿A poco? Yo también soy marciana. ¡Que coincidencia! No puedo creerlo. Ahora todo me parece con más sentido. Por eso eres diferente y tu forma de ser no se parece en  nada a las personas de aquí. Ya veo.” Y ella sonrío y también el, por que  los dos sabían que desde este momento no iban a andar solos en el mundo vacío y vasto: ¡se habían conocido por fin!          

 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 02.08.2008.

 

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