Álvaro Luengo

LA FUGA DEL PURGATORIO

LA FUGA DEL PURGATORIO

Estando ya cerquita de cumplir los cuarenta me morí, que ya sabéis que de esa no se libra nadie, y es un tema que merece un respeto, así que os pido que me prestéis atención porque os quiero contar qué es lo que pasa luego, que ya veréis cómo pasan cosas, y así cuando llegue el día en que la imprevisible dama negra venga a visitaros no vayáis a hacer el canelo más de la cuenta y os acaben dando gato por liebre, que es a lo que voy, a que esto os sirva de manual.

Os recomiendo que le echéis un rato a este asunto, que es de interés general, y veréis cómo acabáis la tarde más iluminados que el árbol del alcalde de Vigo. Y no me vengáis con que os da pereza leerlo, que os conozco, porque os lo voy a leer yo, para que si digo algo que alguno no entienda bien, que levante la mano y se lo explico, ¿vale? Así que estaros bien atentos:

El hecho de morirse, siempre que el suceso transcurra rapidito y sin sufrimiento, nada que ver con caer en poder de los bárbaros de Gengis Khan al ser confundido con un espía enemigo, que eso ya sería otro cantar, que repito que se trata de morirse rapidito y con poco sufrimiento (sin que los aplicados bárbaros te arranquen las uñas una por una y te froten después los dedos con sal gorda, ni que te saquen los ojos con cucharas soperas, ni excentricidades similares) no resulta tan malo, y que al menos en mi caso, os puedo asegurar que a mí me sentó de maravilla e incluso me vigorizó mucho. Ahí es nada.

Y que nadie vaya a tomar esto como una incitación al suicidio, y que si alguien guardara intenciones de hacerlo, que sepa que se pasará el resto de la eternidad, que según mis cálculos se trata de bastante tiempo, en el purgatorio, cuyo nombre ya indica lo divertido que es. Y de ahí no te puedes marchar porque hay atasco, así que…

Perdón, que pierdo el hilo… ¿Que cómo fue eso de que la muerte me sentara bien? Pues porque de entrada se me pasaron de golpe todos los malos rollos que pudiera tener, las penas, las preocupaciones, las inquietudes y los miedos que hubiera podido tener en mi vida, lo cual sosiega mucho, os aseguro que sí. Mucho. Y estaréis de acuerdo en que, aunque la ausencia del dolor no nos garantice la felicidad, sí que es una condición necesaria para sentirla, ¿no? Y os aseguro que, a mí, al poco rato de morirme, no me dolía nada. Pero nada de nada, ni la maldita muela que tanta guerra me daba, ni la uña del pie que me crecía retorcida en el dedo gordo, ni nada, que no exagero. Así que, si de entrada estamos tranquilitos y en un estado cercano a la felicidad, pues tampoco empezamos tan mal la etapa, pensaba yo, que en peores plazas hemos toreado. 

Yo fui uno de los afortunados a los que le atizó un infarto fulminante desayunando en mi casa un sábado a las nueve de la mañana, recién duchadito y reluciente. Me levanté de la mesa para traer más churros y de repente sentí un dolor atroz en el pecho, algo así como si un tren de mercancías se hubiera estampado contra mí. El golpe fue tan fuerte que perdí el conocimiento y me desplomé al suelo. Y debí tardar unos tres o cuatro segundos en marcharme. No más. Eso fue lo que duró, así que lo llevé bastante bien, porque no me dejó ninguna secuela. Al poco rato de morirme ya empezaba a oír pero aún no podía ver a mi mujer y a mi hija, supongo que sería porque al estar con un pie aquí y el otro allá, mis ojos se encontrarían algo dislocados, pero me las imaginaba, ¡pobrecillas! Se debieron de llevar un susto de muerte, digo yo. Pero sí que podía escuchar sus conversaciones durante sus infructuosos intentos de reanimación, y su angustia y su pena, que lloraron mucho las pobres, y hasta a mí me saltaron las lágrimas.

Y yo no podía hacer nada por ayudarlas, claro está. pero ni falta que hizo, porque se las arreglaron muy bien para hacer todo lo que había que hacer, llamaron al 112 y al rato, cuando además de oírlas ya empezaba a vislumbrarlas, se pusieron a llamar por teléfono a un montón de gente, y siempre para hablar de mí, que no sabía que me tuvieran tan presente en sus vidas, con lo que me llené de gozo y no veáis cómo se me pusieron mi ego y mi autoestima, que me impulsaron como a un globo hasta el mismo techo del salón, desde donde tenía una panorámica estupenda de todos ellos en mi nuevo estado etéreo. Y yo con los ojos como platos, claro.

Desde allí podía ver perfectamente mi cuerpo -aseado, perfumado y hecho un pincel, ¡qué gran trabajo habían hecho estas chicas!, había que reconocerlo- tendido dentro de un féretro colocado sobre la mesa, mientras que si me miraba al yo de ahora, la mano, una pierna, un brazo, daba igual, me veía difuminado y translúcido, tipo fantasma Casper, apenas iluminado por una débil luz azulada que provenía de mi interior y que nadie más parecía ver.

-¡Cosas que pasan!- me dije -Pues tendré que acostumbrarme,

Así que centré mi atención sobre el desfile de familiares, amigos, vecinos y compañeros de trabajo, que pasaron frente a mí con aspecto triste y compungido, musitando palabras de despedida, llegando alguno a besarme o derramar alguna lágrima sobre mí.

Y también había quién se entretenía un rato más:

-Ay, Valentín, cómo te voy a echar de menos… Hip… ¿Y qué voy a hacer yo ahora sin ti?- me decía Isabel, mi mujer -¡Con todos los planes que teníamos pensados, el viaje a los fiordos, y todo lo demás!... ¿Cómo me has podido dejar tirada de esta manera tan ruin?... ¡Galápago de siete conchas, que eso es lo que eres!

-¿Y qué quieres que le haga yo?- la escuchaba atónito mientras me esforzaba en contestar -¿Acaso te crees que me he muerto aposta?

Pero nadie me oía, y mejor fue así, que no iba a quedar nada bien que el difunto se pusiera a discutir con su mujer a voz en grito ahí, delante de todo el mundo... ¡Qué bochorno!

Y también se presentó a despedirse aquella novia que tuve de joven y con la que no me porté demasiado bien:

-Si te lo tienes bien merecido, por hijo puta- me dijo, con gesto avieso –Si es que tenías que acabar así… Si es que casi me alegro, oye, que ya me conoces y yo he sido siempre muy sincera. En cuanto salga de aquí me voy a tomar un gin tonic con Vicky para celebrarlo, que ella no ha podido venir, pero me ha pedido que te llame cabrón de su parte, que a ella la dejaste tirada igual que a mí.

Y tampoco faltó Robertino, mi gran amigo desde la infancia. Siempre con ganas de vernos.

-Adiós, Valentín- me dijo al oído mientras rompía a llorar desconsoladamente –Quiero que sepas que has sido mi mejor amigo de toda la vida, que para mí has sido más que un hermano y que te quiero muchísimo y te voy a echar de menos un huevo durante toda mi vida…

-¡Mi buen amigo!- le dije desde mi atalaya, recordando las muchas risas y buenos ratos que habíamos pasado juntos -Yo también te quiero mucho y no dudes que nos volveremos a ver, que esto no es lo que parece, ¡escúchame!

Y pareció que me oyese, porque me dijo:

-¡Escúchame tú a mí! Porque hay algo que debo decirte antes de que te vayas del todo- continuó, sorbiéndose los mocos –Y por la que quiero pedirte perdón. Te aseguro que tenía pensado pedírtelo, ¿sabes?, pero no me dio tiempo, ¡como lo tuyo ha sido tan repentino!… El caso es que Isabel, tu mujer, y yo… Mmh… No sé cómo decirte, bueno, teníamos un asunto, nada serio, eso sí, ¿pero qué digo?, bueno, vamos, pues que manteníamos una relación a tus espaldas, claro está, porque delante de ti éramos siempre muy respetuosos, que eso no me lo podrás negar, o sea, que nada de ponerte los cuernos, que todos sabemos lo que duelen al romper… Perdóname, querido amigo, que ya no sé lo que estoy diciendo, pero te juro que no pude evitarlo, que aquello era más fuerte que yo.

-¿Pero qué cojones me está diciendo el tío este ahora? ¡Será cabrón!- cercano al techo no daba crédito a mis oídos -¿Es que no ves que estoy muerto, gilipollas? ¡Que soy un muerto, hijo de puta! ¿Es que no puedes mostrar un poco de respeto y no venirme ahora con esa historia tan fea? Cuéntamelo otro día y no vengas ahora a joderme la fiesta, que yo estaba tan contento, ¿es que no tienes sensibilidad?

-¡Menudo hijoputa! ¡Y yo creyendo que era mi mejor amigo!... ¡Que le echen de aquí a escobazos ahora mismo, por favor!… ¡Isabel!- me desgañitaba y al mismo tiempo me ahogaba en mi rabia al no ser oído -Haz el favor de venir ahora mismo que tengo cosas importantes que hablar contigo…

Pero una de las ventajas que tiene estar muerto es que los cabreos y los malos rollos se te pasan en un pispás, que ya os lo dije antes, así que opté por tomar el papel de espectador desde lo alto, a ver qué tal.

Y la pérfida estaba a lo suyo -que si ponemos la coronita de flores que trajeron los de la empresa aquí o la ponemos allá- sin hacerme ni puto caso aunque me estuviera viendo perfectamente desde abajo, de eso no hay duda, porque ella se encontraba ahí mismo. Pero si ya me lo hacía poquito estando yo en vida pues ahora sería mucho menos, así que era natural, no había porqué extrañarse.

Pero al rato sentí un simulacro de inquietud al darme cuenta de que estaba rehuyendo por cobardía el enfrentarme a mi destino haciéndome la Gran Pregunta: ¿QUÉ ES LO QUE ME VA A PASAR AHORA?

Que es de lo que va esto, ¿no?, que ya os lo dije al principio, y os lo quiero seguir contando y solo serán unos minutitos de nada.

Es sabido que casi todas las grandes religiones -el cristianismo, el islam, el judaísmo o cualquier otra de las mil más que hay- parece que se ponen de acuerdo en que existe algo después de la muerte, ya sea en forma de resurrección o de convertirse en cualquier otra forma de existencia, en la que hay que comportarse y cumplir ciertas normas para que todo vaya bien y no volver otra vez al mundo reencarnados en hormigas obreras, lombrices, aradores de la sarna o incluso algo peor. Si quieres ascender en la escala has de cumplir, que así funciona esto.

Y la única religión que conocía era el cristianismo y, que nadie se ofenda, pero a mí no me parece muy de fiar, porque por menos de nada te mandan al infierno, y anda que no te costará una pasta en abogados salir de allí y encima cargado de secuelas (quemaduras de tercer grado por todas partes), ¿y de donde la voy a sacar yo si no tengo ni un euro en mi nuevo estado, eh? ¡Esclavo de los demonios para el resto de mi existencia! Pues menudo planazo, pues como que no. No es el futuro que mis padres soñaron para mí- pensé -y no les puedo defraudar.

Pero confieso que, puestos a elegir, a mí me hubiera gustado ser acompañado por una bella Valkiria hasta el Valhalla, el paraíso de Odín y demás dioses nórdicos, donde disfrutaría eternamente en su compañía comiendo jabalí y bebiendo hidromiel hasta hartarme, pero me llevé un chasco al saber que la entrada al Valhalla se encontraba reservada para los valientes guerreros caídos en batalla, lo cual no era mi caso… ¡Maldito infarto! ¡Me dejó sin mi Valkiria! Me había jodido el planete el muy cabrón.

Y si resultara que los fundadores de todas las religiones hubieran sido unos pirados y que nada de lo que dijeron fuera cierto, pues tampoco pasaría nada malo. Porque no pasaría nada. Ni bueno ni malo. Nada de nada. ¡Nada! Pero aquí estaba yo para comprobar que eso no era así, que algo sí que había, pero la perspectiva de estar pasándolo jodidamente mal durante toda la eternidad metido en un caldero de aceite hirviendo con los demonios pinchándome en el culo a ver cuándo se ponía tierno resultaba desalentadora y me acojonaba bastante…

Yo casi prefería que no hubiera nada ante las opciones que se me presentaban, casi mejor el sueño eterno, ¿o a vosotros qué os parece?

Pero aquella opción no venía disponible en la pantalla de la tablet translúcida que despedía una suave luz azulada, que apareció ante mí como por arte de magia, ¡cago en diez!, así que me puse nervioso y pulsé el botón del cristianismo pensando que más vale malo conocido que bueno por conocer, y además que aunque no hubiera sido un santo, pero malo, malo, malo, así como los psicópatas de las películas, pues tampoco… ¡Ser castigado con el fuego eterno! ¡Qué despropósito, que exageración! ¿Y quién dirigía todo esto?... Ojalá hubiera elegido bien.

Y mientras le daba vueltas a estas tribulaciones, de repente me vi absorbido por un remolino que me empujó hacia arriba dando volteretas desmadejado como si fuera un muñeco de trapo y me plantó sobre un arenal de un cochambroso parque a unos doscientos metros de un gigantesco edificio cuadrado de hormigón provisto de dos grandes puertas.     

-¡Joder, qué susto!- me dije yo -¿Y esto qué es? ¿Y toda esta gente de dónde ha salido?

Porque desde donde yo estaba se diferenciaban claramente dos grandes ríos humanos, formados por seres a mi estilo, translúcidos, que emitían una tenue luz azulada, unos que salían por una de las puertas y los otros que entraban por la otra. Llamaba la atención que muchos de ellos llevaban maletines o grandes carpetas rebosantes de papeles y hablando entre ellos.

-¡Pero en qué sitio he caído! ¿Será esto un sueño? -Perdone, señor- me dirigí a un hombre mayor de aspecto agradable que formaba parte del río de entrada al edificio -¿Me puede decir en dónde estamos y qué es lo que hay en ese edificio de enfrente?... ¿Habla usted mi idioma? ¿Es que acaso estamos en el cielo?

El hombre se detuvo un momento para mirarme con expresión de asombro y se echó a reír.

-¡En el cielo, dice! Ja, ja, ja, ja… su voz era muy sonora y tenía acento de la Europa del este -¿Acaso esto tiene pinta de ser el cielo? Ja, ja, ja… Pues no lo es y no se crea usted que me importa mucho no estar allí, porque el cielo está hecho una pena, ¿sabe? Los servicios de limpieza y recogida de basuras son un desastre, los transportes, la iluminación, los servicios de salud, no hay NADA que funcione bien allí. Nadie se quiere encargar de nada porque lo único que les interesa es aprender a tocar el arpa, y aquello resulta un caos y además es aburridísimo. No se lo recomiendo, amigo, la dirección se perdió por completo hace cosa de dos mil años y no tiene ninguna intención de volver.

-¿Pero qué me está usted diciendo?- le pregunté -¿Es que dios ya no es el rey de los cielos y ha abandonado su puesto? ¿Se hartó de nosotros y nos mandó a todos a paseo?

-Je, je, je… Perdone, pero se nota que es usted nuevo, ¿verdad?

-Pues sí- admití -Yo me acabo de morir y creía que me dirigía al cielo, porque no he sido muy malo, ¿sabe usted?

-¿Qué no ha sido muy malo, dice? ¡Ja! Pues ahí precisamente es donde está el problema: en las medias tintas, calamar. Si usted hubiera sido malo le habrían mandado al infierno, en vez de acá. Pero no se ha perdido nada, porque aquello ya no es lo que era, ahora están con problemas de luz y de suministro de gas, con lo que las calderas funcionan fatal. Los demonios se quejan de que pasan frío y de que no pueden cocer a los condenados como es debido y protestan por la escasez de productos básicos, como cerillas, papas e inquisidores para hacer sus guisos favoritos.

-¿Papas con inquisidores? Pues no he probado nunca el guiso, pero así de oído no me resulta muy atractivo. Podría ser indigesto… Caramba, pues vaya demonios tan finolis, ¿no? Yo me los imaginaba más rudos.

-Pero todo está abandonado desde que dios se marchó de aquí hace más de dos mil años. Los que nos quedamos aquí intentando sustituirle no hicimos bien nuestros cálculos y el sistema no funcionó. Y ahora se está desplomando, el colapso es total.

-¡Vaya, pues qué mala suerte tengo! Me faltó un pelín, llegué dos mil años tarde- tragué saliva -¿Y entonces en dónde estamos?

-No se ponga nervioso, señor… señor… ¿Cómo dijo usted que se llamaba?

-Valentín, me llamo Valentín Sánchez Buitrago, ¿y usted?

-¡Ooh! Qué bonito nombre. Seguro que sus padres al verle dijeron: ¡que valiente y qué pequeñín, le llamaremos Valientín! Pues tómeselo con calma, Valientín, piense que si hay algo que le sobra es tiempo.

-Me llamo Valentííín- le corregí yo –¿Y su nombre cuál es?

-Yo me llamo Sbrodj, querido amigo. O al menos todo el mundo me llama así- sonreímos y nos dimos la mano -Y ahora a lo que íbamos: si usted se ha muerto y no está en el cielo ni en el infierno, pues no le queda otra que estar en el purgatorio, zoquete. Aunque en su caso no sería raro que estuviera en el limbo, je, je, porque parece muy despistado y seguro de que no tiene ni idea de lo que tiene que hacer ahora aquí, ¿o no es así?

-¿Que qué era lo que tenía que hacer yo entonces en el purgatorio? ¡Pero qué leche, si me había olvidado de él y ni siquiera entraba en mis planes! Toda la vida dándole vueltas al cielo y al infierno sin tener en cuenta para nada el purgatorio, ¡el puto purgatorio! Pues ahora me tocaba enterarme de qué iba la cosa y qué era lo que tenía que hacer aquí, menudo rollo.

-Pues tiene usted mucha razón, señor Sbrok, no tengo la menor idea de nada de lo que tengo que hacer aquí.

-Sbrodj- me corrigió él esta vez-Me llamo Sbrodj- Y sonrió..

-Pues eso, lo que yo decía, Sbrok. Que se supone que esto es un lugar de paso, ¿no es así? Ya sea hacia el cielo o hacia el infierno… ¿Podría usted ayudarme a salir de aquí?

-No me interrumpa, Valientín, porque eso es precisamente lo que estoy haciendo, y le digo las cosas que usted debe saber. Primero tenemos que ir a las Oficinas, a las que estamos llegando, y es ahí donde tienen que abrir su expediente para tramitar su solicitud de tránsito…

-¿Abrir mi expediente?  ¿Pero cuál es mi caso? ¿Acaso tengo alguna condena?

-Por favor, no me interrumpa constantemente, Valientín, cada cosa a su debido tiempo. Como usted sabrá, hace más de dos mil años había muchísima menos gente en el mundo de la que hay ahora, con lo que los que se morían e iban llegando aquí todos los años se contaban solamente por miles, y las amplias y relucientes instalaciones del purgatorio cubrían perfectamente las necesidades de los transeúntes, que de hecho, solamente al llegar se tenían que presentar en alguna de las más de dos mil ventanillas que funcionaban full time en las Oficinas para ser informados del tiempo de su obligada estancia, y volver allí una vez cumplido este, para obtener de inmediato su boleto para el cielo, de manera que el proceso era muy sencillo y rápido.

-¡Estupendo!- pensé yo, sin atreverme a interrumpir de nuevo –Hoy me dicen el tiempito que me tocará estar, me portaré bien a ver si me dan el boleto ese y me las piro de aquí antes de un mes… Si es que el purgatorio es un secarral sin ningún atractivo… Pero eso de ir al cielo… Ir al cielo, después de lo que le había dicho Sbrodj antes, ya no le hacía tanta gracia… ¿No habría alguna otra alternativa, además del infierno? ¿No habría alguna forma de poder ir al Valhalla? Tendría que informarme bien antes de firmar nada sobre ese espinoso asunto.

-Y eso fue así durante muchísimos años- continuó Sbrodj -Porque el sistema estaba bien montado y funcionó muy bien hasta que el Gran Jefe se cabreó con la humanidad por lo que le hicimos a su hijo- que hay que reconocer que nos pasamos un huevo y que aquello supone una gran vergüenza para todos nosotros –y decidió abandonarnos por ser una especie inusitadamente malvada y desagradecida, nos mandó a tomar por saco y se marchó con un reducido séquito a instalarse en alfa centauro, donde dicen que le va de maravilla.

-Hombre, hay que reconocer que razones no le faltaban para tomar esa decisión.

-Los que le vieron marchar dicen que se iba altivo, desafiante y vociferando improperios como: ¡malditos idiotas desagradecidos, hijos de perra rabiosa! A ver cuántos años duráis solitos sin exterminaros entre vosotros, que sois peores que las hienas, sois un aborto del averno, ya veremos cuánto años dura la grandiosa raza humana… ¡Ja! No llegáis a cumplir los 10.000, ¡palabra de dios! ¡Menuda birria!  ¡Una mutación fallida, no sois más que eso y no llegaréis nunca a nada! Pues anda y que os den. Y se giró frente a ellos para dedicarles un explícito corte de mangas antes de desaparecer ante sus ojos.

El caso es que al principio pareció que el “sistema huérfano” sería capaz de resolver los problemas de distinta índole que se iban presentando, de modo que durante un período de unos 500 años la estancia en el purgatorio transcurría con normalidad, casi como antes, pero los zotes de los dirigentes, que no eran más que funcionarios de tercera relegados de cumplir tareas celestiales debido a su ineptitud y carencia de conocimientos básicos, no le dieron la debida importancia al hecho evidente de que su clientela iba aumentando de manera exponencial, siguiendo el ritmo que marcaba el crecimiento demográfico en la tierra, y que las Oficinas del Purgatorio no estaban preparados ni tenían suficiente personal cualificado para atender la creciente demanda de solicitudes de tránsito que el público les exigía y se iban acumulando en sus archivos y originando retrasos. Montañas de papeles que crecían y crecían a la misma velocidad que lo hacían los retrasos... Y las expresiones como “su solicitud se ha extraviado, pero daremos con ella en breve”, “vuelva usted mañana” y “tenemos un retraso de un año con los trámites, pero normalizaremos la situación en poco tiempo” se hicieron habituales.

Pero el gran embudo, el que originó de verdad el atascazo que dio lugar al gran colapso del purgatorio fueron los más de cien millones de muertos, ¡cien millones de muertos!, que se presentaron allí a saco allá por el 1350, cuando la segunda epidemia de la peste negra… ¡Qué barbaridad, qué peste! ¡En mi vida había visto tantos muertos juntos! Bueno, menos mal que ya no eran exactamente muertos y no despedían olores, pero por muy entes translúcidos que fueran habría que desinfectarles uno por uno y presentar sus cien millones de solicitudes… ¡Hazte a la idea, menudo currazo!

A lo tonto lo bailo llegamos al umbral de las enormes puertas y dos vigilantes que revisaban la documentación de los visitantes se interpusieron en nuestro camino, y yo me ericé sin necesidad.

-¡Buenos días, señor Sbrodj!- se inclinaron muy sonrientes ante él -Un placer volver a verle. ¿El joven viene con usted, señor Sbrodj?

Sbrodj- que parecía que tenía su carisma en esos lares -hizo las debidas presentaciones y les expresó vagamente nuestros propósitos mientras ellos asentían sonrientes -Me alegro de veros, queridos amigos, ¿las familias están bien?... ¿Sabéis si san Judas sigue en la 2019 o se ha vuelto a cambiar de oficina?

-¿San Judas? ¿Pero qué dice este hombre?- me pregunté yo -¿Es que ahora nos vamos a tener que ver con uno de los traidores más viles de la historia?... ¿Y cómo podría ser que le hubieran hecho santo al hijoputa que vendió a Jesús por treinta monedas? ¿tendría razón dios en eso de que no éramos más que una mutación fallida?

En cuanto doblamos la esquina del pasillo le expresé mis dudas a Sbrodj y él se quedó mirándome y rompió a reír otra vez.

-¡Querido amigo! ¿Pero cómo puede ser usted tan ignorante? Vamos a ver a san Judas Tadeo, que no tiene nada que ver con Judas Iscariote, que supongo que es el traidor al que usted se refiere, ja, ja, ja… 

-Ah, no sabía, perdóneme. ¿Y para qué vamos a ver a san Judas?

-Pues porque él es el abogado de los imposibles, y como no va a ser nada fácil evitar que usted tenga que permanecer aquí durante dos o tres años esperando la respuesta a su solicitud de tránsito, y yo tengo amistad con él nos sería de gran ayuda saber su opinión sobre el caso, Valientín.

-¿Dos o tres años?¡Pero eso es mucho tiempo!- me quedé helado - Y en el caso de que mi obligada estancia aquí hubiera sido tan solo de un mes, ¿qué pasaría, cómo repararían esa tremenda injusticia?

Sbrodj se detuvo de nuevo, me agarró por el brazo, y me miró a los ojos sonriendo amargamente y negando lentamente con la cabeza. Luego dijo:

-En ese caso le indemnizarían con Bonos del Purgatorio, que son oficiales y canjeables. No queda otra, querido amigo, son lentejas.

-A ver con qué milonga me sale este ahora- pensé -¿De qué mierda de bonos habla? ¿Para qué los quiero yo?

-¿Canjeables?- dije -¿Canjeables por qué? ¿Qué me puede interesar de aquí? Si no tengo necesidades, no necesito comida, ni agua, no necesito coche, ni un traje, ni nada de nada.

-Bueno, de entrada, le puedo decir que necesita compañía, o la necesitará en algún momento si no quiere acabar mal. Y sobre los bonos yo también creo que son una chapuza. Los puede cambiar por viajes intergalácticos, estancias de un mes en el Pugatorio’s Beach Resort y fruslerías así.

Total, que llegamos a la 2019, Sbrodj, le dio tres toques rápidos a la puerta y la entreabrió.

-¿Se puede, viejo truhan?- preguntó mientras se asomaba.

-¡Querido Sbrodj! Un placer verte, como siempre, ¡adelante!

Se abrazaron y palmetearon sus espaldas, mi amigo Sbrodj- ¿quién cojones sería realmente este tipo y porqué mostraba interés hacia mí? -nos presentó, tomamos asiento en su espacioso despacho, y san Judas me pidió que le explicara el motivo de mi visita, cosa que hice resumiendo lo mejor que pude para no resultar pesado.

-Así que lo que tú quieres, muchacho, es que acelere lo más posible tu tránsito desde aquí hasta el cielo. Estoy en lo cierto, ¿no es así?

-Mmmh… Verá usted, don Judas, digo don Iscariote, ¡ay, dios mío, lo que he dicho, si ese era el otro!, perdóneme usted, señor san Judas, por favor, estoy muy nervioso, no quise insultarle así, perdóneme, ¡mi existencia se encuentra en sus manos!

Los dos me miraban sin dar crédito a la escena y luego hicieron esfuerzos por contener la risa.

-¡Cálmate, muchacho, no pasa nada!- dijo san Judas -Demos un paso atrás para coger impulso: ¿lo que tú quieres es que acelere lo más posible tu tránsito desde aquí hasta el cielo, sí o no?

-Ha ido usted a poner el dedo en la llaga, señor don Judas, ¡qué ojo tiene para estas cosas!, pero el caso es que sí pero no. Me explico: sí a la primera parte, pero no a la segunda.

Sbrodj pegó un pequeño brinco sobre su asiento y me miró enarcando las cejas y san Judas, sorprendido, me dijo, en tono serio: ¿podrías explicarte mejor, muchacho? No te andes con rodeos y vayamos al grano, por favor.

-Perdón, señor, lo siento mucho. El caso es que sí que quiero reducir mi estancia en el purgatorio lo más posible, de eso no hay duda. Pero de eso a que quiera ir al cielo… Pues eso como que no. Porque me dicen que resulta aburridísimo y yo soy tendente a la depresión, ¿sabe usted? Así que es por motivos de salud- me envalentoné con el discurso y le guiñé un ojo- Yo quiero ir al Valhalla. Allí seguro que me curaría.

-Perdona, Valientín- intervino Sbrodj- pero creo que deberías haberme dicho algo de esto antes de que subiéramos a ver a san Judas, porque…

-Perdóname, amigo- le interrumpió el santo, alzando una mano -Pero la jeta que le echa este muchacho le convierte en un caso único, menuda pieza que me has ido a traer… Que el cielo es aburridísimo y que quiere ir al Valhalla, nos dice sin cortarse un pelo, ¡un listo es lo que es!, nunca vi un caso igual de desvergonzado. Aunque esto supone un reto para mí, porque por otra parte estoy cansado de tanta rutina… ¿Tenéis idea de la cantidad de años que llevo aquí haciendo todos los días lo mismo? Pues más de dos mil años, y viniendo sin faltar ni un solo día, que se dice pronto, ¿no? ¡Si me tienen que dar un Guinness! Trabajo más que los chinos y entiende que estoy ya hasta el culo.

Sbrodj le asintió sonriendo amablemente y con el gesto relajado, y después me miró a mí de manera un poco aviesa.

-Ya nos veremos a solas- parecía decirme.

-Vamos a ver, para empezar el Valhalla pertenece a otra Jurisdicción, así que habrá que pedirle algún favor a Loki para que acepten tu ingreso allí…

-¿Loki?- dije yo -No sé de quién se trata, no recuerdo que fuera mencionado en la biblia ni en la historia sagrada que estudié de pequeño.

-Normal que no lo recuerdes, Valientín- intervino Sbrodj -porque no es mencionado allí. Loki es el dios nórdico de las mentiras y es un pinta, estafador y mentiroso, pero no es un mal chico en el fondo. Tendremos que pedirle que te falsifique un certificado de haber tenido una muerte heroica luchando contra algún gigante en la defensa del reino de Asgard o algo así para que puedas entrar al Valhalla… Pero a ver qué es lo que nos pide a cambio, porque Loki no da puntada sin hilo, ¿verdad Judas?

-Efectivamente, querido amigo, y no queda ahí la cosa, porque lo primero que tenemos que conseguir es sacarte del purgatorio por vía retrógrada, es decir, no en dirección hacia el cielo ni al infierno, sino hacia atrás, lo cual será algo más complicado…

-Bueno, pero parece que la cosa puede tener una buena solución, ¿no es así?- observé aliviado -No sé cómo agradecerles el interés que se están tomando por mí.

-No lo des todo por hecho y no vendas la piel del oso antes de haberlo cazado, muchacho- continuó san Judas -porque nos queda salvar otro gran escollo, que se trata de demostrar ante la Audiencia del Purgatorio, que aunque tú elegiste la opción del cristianismo en la tablet que se te envió después de tu muerte, lo hiciste por error, te confundiste de botón, porque tú eres un apóstata reconocido y hay que expulsarte de aquí a marchas forzadas antes de que empieces a predicar y te hagas con muchos followers.  

-¿Que soy un apóstata? ¿Uno que reniega de su religión? No me parece nada mal después de saber que dios nos abandonó hace dos mil años, tal como me habéis contado. No tengo ningún inconveniente en declararme apóstata ante cualquier juez.

-Ya, pero ese no es el camino, Valientín. Nos llevaría muchísimo tiempo conseguir reunir a un jurado que se dedicara a valorar tu caso- me aclaró Sbrodj -No te lo tomes a mal, amigo, pero tu historia no vende, no es comercial.

Mi amigo y san Judas cruzaron sus miradas y exclamaron al unísono:

-¡No queda otra! ¡Habrá que conseguir también un certificado de Juliano el apóstata para este chico!

-Tú baja con el muchacho hasta el chamizo de Juliano el apóstata a ver de qué tal talante se encuentra hoy- le pidió Judas a Sbrodj -Y mientras yo tanteo a Loki para ver si se aviene a hacer algún trato con nosotros, ¿te parece bien?

-¿Pero no me habíais dicho que en el purgatorio no se admiten apóstatas? ¿Y ese Juliano quién es?

-Un antiguo emperador romano venido a menos. Es el único apóstata que tiene visado de permanencia aquí y se lo concedimos en atención a su antiguo cargo. Y no interrumpas tanto, Valientín- me hizo callar mi amigo.

Total, que Sbrodj y yo salimos del edificio en dirección del chamizo de Juliano, que vaya cochambre de chabolo que se estimaba el menda y perdonarme por el lenguaje, pero es el más descriptivo. Quiero deciros que, para haber sido un emperador romano, qué bajo había caído el tal Juliano, ¿no? ¿Sería un drogota despendolado? ¿Y por qué tenía nombre de sopa? Aunque también podría ser que Sbrodj se lo hubiera inventado lo de los romanos para que me callara… ¿Quién coño sería este Sbrodj, porqué conoce a tanta gente, de dónde habrá salido? En fin, el caso es que aquí todo el mundo sabía lo que tenía que hacer menos yo, porque el pasar tan rápidamente de ser una persona normal que llevaba una vida normal en un mundo normal a ser un ente translúcido aspirante a apóstata en el purgatorio me había dejado un poco atalantado y no razonaba muy bien.

La puerta estaba abierta y llegamos hasta el centro de la única estancia con la que contaba la oficina de Juliano. Las paredes estaban cubiertas por estanterías repletas de archivos polvorientos, la iluminación era escasa, el aire viciado y frente a nosotros, tras una destartalada mesa de la que emergía una montaña de papeles, tras una antiquísima máquina de escribir se encontraba el ex emperador leyendo y firmando documentos.   

-Buenos días, Juliano- saludó Sbrodj al entrar -¿Qué tal van las cosas?

-¡Mi querido Sbrodj! ¿Qué de bueno te trae por aquí de nuevo?- se levantó para darle la mano –¿Qué tal estás? Porque yo aquí desesperado… Vamos que si aun tuviera venas me las cortaría ahora mismo, no te digo más…

Nos invitó a sentarnos.

-Venga, venga, que no será para tanto, ¿qué es lo que te pasa?

-Pues que ya ves en las condiciones tan lamentables en las que me veo obligado a trabajar, cuando tengo un tesoro bloqueado en mi nave de ahí detrás, ¡es realmente desesperante porque no hay salida, amigo mío! Así que seguiré trabajando en este cuchitril hasta el fin de la eternidad… ¿Y quién es tu acompañante?

-Su nombre es Valientín, y es buen tipo, pero dime, ¿en qué consiste tu tesoro?

-Pues que tengo nada menos que en miles, ¿qué digo miles? ¡Decenas de miles de barricas de hidromiel almacenadas en mi nave sin poder darles salida! Las hice traer desde mi antiguo imperio pensando que sería un buen negocio venderlas en el purgatorio, porque yo me vine con lo puesto, pero no he conseguido vender ni una, y eso que están de saldo. Y son de excelente calidad, no os vayáis a creer, que os invito a un trago si queréis comprobarlo.

Le hicimos saber que se lo agradecíamos muchísimo, pero que nos fiábamos de su palabra y que además los dos éramos ex alcohólicos y no queríamos volver a ese infierno. El plan no era haber ido allí para chuzarnos con Juliano, no era el día.

-¡Ah! Vaya, no saben cuánto lo siento. Es que aquí todo el mundo es muy serio y van con prisas no se sabe a dónde, y nadie acostumbra echar un traguito de vez en cuando, ni aún para celebrar algo, son unos petardos. Y el caso es que yo no tengo con quién tomarme una copa el día de mi cumpleaños, ¡qué soledad!- suspiró -¡Cómo echo de menos mis fiestas romanas!

Sbrodj escuchaba atentamente y me di cuenta sus ojos empezaron a hacer chiribitas.

-Pues mira, Juliano, venimos porque mi amigo necesita urgentemente un Certificado de Apostasía…

-¡Ja, ja, ja, ja- las carcajadas de Juliano le interrumpieron -Lo sabía, no podía ser otra cosa… ja… ¿Ves la cordillera de papeles que va invadiendo mi mesa? Pues todos son solicitudes de certificados de apostasía, parece que me he puesto de moda, pero tengo pesadillas en las que me encuentro bajo una avalancha de solicitudes que me cubre por completo y no me deja respirar… Que hay que revisarlas todas una por una con mucho detalle, no sea que nos metan algún gol, que aquí estoy yo solo para hacerlo todo, y me quejo y me salen con que el presupuesto no llega para contratar a un ayudante… Y así el retraso para obtenerlas ya se está acercando al año, ¡pero no es por mi culpa!

-Evidentemente, Juliano- le tranquilizó Sbrodj -A nadie en sus cabales se le ocurriría pensar algo así. Y no me tomes la palabra, que tendría que atar antes algún cabo, pero es posible que se le pueda dar una buena salida a tu legión de barricas de hidromiel. Por cierto, ¿tienes idea de a cuánto está la barrica en Asgard?

-¿En Asgard? No lo sé, pero te lo puedo decir- sacó un polvoriento libro de un cajón de su mesa y se puso a consultarlo -Mmh… Mil peniques de plata nórdicos es el precio medio por barrica, siendo algo más cara en el norte.

-¿Y tu ”saldo” a cuánto está?

-¡Al equivalente a cien peniques de los de allí! Diez veces menos, y ni aun así… ¡Y a todo esto nadie se toma una copa conmigo!

-Pues dame un tiempito que pronto te diré algo.

-¡Sbrodj, amigo del alma! No sé cómo podré agradecértelo porque con las ganancias que obtenga podré reformar la oficina y ponerla como es debido, y hasta comprarme un ordenador. Y quizás hasta pagar el sueldo de un ayudante que viniera a echarme una mano de vez en cuando.

-Eso estaría muy bien, que así no beberías a solas- sonrió -Pero no hagamos como la lechera del cuento- se levantó para estrecharle la mano y yo le imité -En fin, que muchísimas gracias. ¿Dejamos ya resuelto lo de mi amigo antes de irnos? Así lo vamos aligerando todo. ¿Te acerco tu pluma, te damos sus datos y lo firmas?

Así que diez minutos después, certificado en mano, nos apresurábamos por el camino de vuelta para reunirnos de nuevo con Judas en la 2019, a ver qué había podido hacer él mientras tanto.

Nos recibió con una sonrisa casi tan amplia como su abrazo.

-¡Anda que no habéis tardado! Menos mal que veo que lo conseguisteis- yo agitaba el certificado, muy contento -Contarme cómo fue la cosa.

Le pusimos al corriente del encuentro con lo de las barricas de hidromiel incluidas, claro, ante lo cual se puso a palmotear entusiasmado.

-¡Bravo!- exclamó -¡Lo tenemos hecho!

Yo no entendía a qué venían esas muestras de júbilo por la presencia de aquel brebaje en aquella historia, así que estaba en la de siempre: todos menos yo sabían de qué iba la cosa y lo que tenían que hacer ahora. Siempre todos menos yo, ¡qué calvario!

-¿Pudiste hablar con Loki?- preguntó Sbrodj -Ya sabes que la hidromiel le apasiona a todos los habitantes del Valhalla, ¿y qué digo el Valhalla?, de todo Asgard, así que ya tenemos el cebo perfecto para él.

-¡Pues claro que hablé con Loki!- le contestó Judas -¿Acaso no soy el abogado de los imposibles? Y no solo hablé, sino que vendrá aquí en persona en cuestión de minutos para cerrar algún tipo de trato con nosotros, porque le dije que teníamos una oferta que hacerle que probablemente le interesaría.

Y entonces fui yo el que palmoteó con entusiasmo, porque ya iba pillando la idea que mis amigos tenían, y por primera vez pensé que mis deseos de poder ir al Valhalla se podrían convertir en realidad -¡Yupi!

-Silencio, Valientín- reclamó Judas – Loki es el dios de la mentira y el engaño, el origen de todo fraude, así que no le vayas a subestimar. Sería posible que él ya estuviera aquí entre nosotros, adoptando la apariencia de cualquier ser vivo, una cucaracha, una hormiga o cualquier cosa que pudiera haber por la habitación.

-¡La leche puta!- exclamé yo, apartándome un moscardón de la cara.

El insecto se fue a posar en una de las butacas de la oficina de Judas, soltó una risita malévola y empezó a crecer y crecer adoptando el aspecto de un extraño ser humano. Y os digo extraño porque era bastante feo, y vestía y se parecía mucho a los Joker de las barajas de cartas, os lo aseguro. No tenía ningún aspecto de dios, sino de saltimbanqui de feria, pero su metamorfosis fue impresionante, os lo aseguro, ni en el cine ves algo así.

Yo no me atrevía a respirar ante tamaña muestra de poderío, no fuera a ser que me convirtiera en mosca.

-Buenas tardes a todos- hablaba en tono burlón -Judas, ¿serías tan amable de presentarme a tus nuevos amigos?

-Naturalmente, Loki, son el arcángel Sbrodj, que es más bueno que un pan, y mi nuevo amigo Ventolín, que es muy buen chico también.

-Valentín, Valentín- le corregí yo -¿Así que Sbrodj era un arcángel que andaba de aquí para allá, haciendo el bien por su cuenta, en búsqueda de un dios que mereciera la pena y no le abandonara? ¿Sería eso?- se me encogió un poco el alma.

-Muy nuevo debe de ser cuando aún no te sabes su nombre- dijo Loki en tono sarcástico -Bueno, me hablaste de una oferta que tenías para mí, ¿o no es así?

-Efectivamente, Loki. Escucha, en Asgard sigue habiendo mucha afición por la hidromiel, ¿verdad?, quiero decir que se consume bastante y tiene buen mercado.

-¿La hidromiel? ¡Has ido a tocar mi punto débil, venerable amigo! ¡Soy un apasionado de la hidromiel, como todos los habitantes de Asgard! Porque además de su genuino sabor y de su embriagador efecto, mejora las digestiones, aporta energías, tiene propiedades antioxidantes debido a sus compuestos fenólicos y las antiinflamatorias propias de miel- daba la impresión de que Loki leía un prospecto farmacéutico- además de su reconocido efecto afrodisíaco, que no es moco de pavo. Pero, al ser alcohólica, debe consumirse con moderación, condición que no siempre se cumple, ¡ja!, con lo que para las fiestas es estupenda.

-Sin duda, querido amigo, se trata de un producto estrella y un valor seguro. ¿Y a qué precio está?

-¡Oh! Eso es lo malo. La producción ha bajado por la escasez de abejas, que se van trasladando al sur buscando climas más benévolos, con lo que su precio está por las nubes, y ya sobrepasa los mil peniques de plata por barrica, lo que es una barbaridad tratándose de un producto tan básico y necesario- se cubrió la frente con una mano.

-Lo siento, pues se trata de una situación insostenible para el país, eso está claro- Judas estaba agazapado esperando su oportunidad -¿Y que me dirías si te digo que podría proporcionarte las suficientes barricas para abastecer a todo Asgard a doscientos cincuenta peniques cada una?- subiendo de cien a doscientos cincuenta el precio de venta Juliano podría tener su ordenador e incluso su ayudante.

Loki se le quedó mirando sin aliento y su mano pasó de la frente al pecho.

-¿Lo dices de veras o me estás tomando el pelo? ¡Es demasiado bueno para ser verdad! ¡Te compro ahora mismo todas las que tengas almacenadas!

-Con pago al contado, y nada de trucos, ¿eh, Loki? Que tu fama te precede.

-¡Ja, ja, ja, ja!- el nórdico estaba eufórico -¡Al contado y por adelantado, Judas! Contigo no habrá nada de trucos.

-De acuerdo, Loki, que así se escriba y así se cumpla. Solo nos falta un pequeño requisito para cerrar el trato- esta vez suspiré yo, porque por un momento había pensado que se habían olvidado de mí y no me llegaba la camisa al cuerpo, sobre todo porque ya no tenía ni camisa ni cuerpo, ¡cosas del más allá!

-Tú dirás.

-Pues es muy sencillo, verás. Nuestro amigo Ventolín necesita un certificado que diga que murió luchando heroicamente contra los gigantes defendiendo las sagradas murallas de Asgard, como así realmente fue, pero no puede aportar testigos porque nadie sobrevivió a la tremenda batalla. Lo necesitamos para que pueda entrar libremente al Valhalla y disfrutar de sus encantos hoy mismo.

Parece que lo del hoy mismo no le sentó bien a Loki, que removió un poco el culo sobre su asiento.

-¿Que Ventolín murió en la defensa de Asgard?... Pues no tiene mucho aspecto de nórdico: es moreno, ojos castaños, no es muy alto… ¡jua, jua, jua!

-Eso es porque se trata de un mercenario hispánico, Loki. Anda, no seamos tiquismiquis y fírmalo ahora, que lo tengo aquí redactado- Judas se aproximó a Loki y mirándole a los ojos le aseguró -Y a cambio tendrás tu hidromiel también hoy mismo.

El dios del engaño se dejó engañar y firmó el documento sin más dilación.

-Muchísimas gracias, señor Loki- me atreví a intervenir -pero hay una cuestión que me preocupa, ¿le puedo hacer una pregunta?

-Adelante, muchacho, suéltalo ya, ¿qué quieres saber?

-Pues que si usted cree que si una vez llegado al Valhalla me resultaría fácil, ejem, no sé cómo decirlo, ejem, ligarme a alguna Valkiria para que me acompañara en mi estancia allí y así no estuviera yo tan solito.

-Jo, jo, jo, jo- se rio Loki -¡Los jóvenes siempre pensando en lo mismo, sois incorregibles! ¡Esclavos del pene!... Pues mira muchacho, es sabido que la mejor estrategia para ligarse a una Valkiria o a cualquier otra tía buena es hacerse el tonto, ¿a ti se te da bien?

-¡Se le da de maravilla!- contestaron al unísono Judas y Sbrodj entre risas -Si de eso se trata lo tiene ganado.

-Deja que te explique- continuó el nórdico - Está comprobado que hacerse el tonto y poner cara de bueno es una táctica que proporciona un 66% de éxitos ante una mujer, o lo que es lo mismo, que pillas en dos de cada tres intentos que hagas. Deberías de saberlo ya a tu edad, Ventolín. Si tú te haces bien el tonto, como si no te enteraras de nada, siempre sonriente y poniendo cara de niño bueno, de manera que toques su fibra sensible. Si le coges el punto a tu papel no hay mujer en el mundo que se resista a esa imagen, ya ves tú a George Clooney o a Ryan Gosling- y volvió al tema:

-Pobrecito- te dice que piensa ella -No parece muy espabilado, pero se le ve tan perdido y… ¡Es que es tan mono!

-¿Está usted seguro de eso, don Loki?- mirándole incrédulo.

-Y entonces tú te quejas de frío- me ignoró por completo- y te cobijas entre sus senos y le haces unas carantoñas para engatusarla. Y si ella no se retira, pues te apretujas un poco más y al rato le pides teta. Y si hay suerte te la da, y si no, pues no. Pero no queda otra. Hay que probar, muchacho, ¡siempre hay que probar porque el fracaso es la semilla del éxito!- exclamó levantando los brazos en gesto teatral.

El comportamiento de aquél supuesto dios cada vez me recordaba más al del Sombrerero Loco, así que decidí que lo mejor sería no llevarle nunca la contraria.

-Gran táctica sin duda alguna, señor Loki. La llevaré a cabo al pie de la letra, puede estar seguro de ello, ¡no sé cómo agradecérselo!- me incliné ante él.

Y bueno, el caso es que Loki y Juliano negociaron según lo acordado con Judas y con Sbrodj, con lo que los dos se forraron y se acabaron haciendo amigos, de manera que Loki, que tenía más movilidad que Juliano, le hacía frecuentes visitas a su nueva y elegante oficina, durante las cuales se ponían hasta las trancas de hidromiel, hablaban de chicas y fútbol, y jugaban partidas de ajedrez que siempre ganaba Loki, claro, porque le hacía trampas al apóstata, al que no le importaba perder a cambio de tener compañía. ¡Mejor imposible!

Y por la otra banda, Judas, Sbrodj y yo, una vez entregados y aceptados los falsos certificados detallamos los detalles de mi fuga.

-Una vez que hayas hecho la regresión temporal a través del túnel inverso- me repetían -ten mucho cuidado con la tablet, por favor, Valientín, no la vayas a cagar otra vez. Sujétala bien con una mano antes darle a la opción OTROS.

-Es que en la que me dieron la otra vez no venía esa opción- yo me defendía y quería cambiar de tema -¿Y lo del túnel inverso cómo es? ¿Es como el que me trajo aquí, pero al revés?

-Exactamente, querido amigo, pero ese trozo no importa porque no tienes que hacer nada, te dejas llevar y ya está.

-Sí, ya, pero me hace ir dando volteretas como si fuera un pelele.

-Pues mantén la cabeza en su sitio y no le des a “cristianismo”, ni a “islamismo”, ni a “judaísmo” ni a ningún otro de los best sellers, ¿vale? Le das a OTROS y solo a OTROS, que viene escrito así, en mayúsculas.

-De acuerdo, le daré solo a OTROS y nada más. ¿Y luego?

-Pues que dándole ahí accedes a una segunda pantalla con diez opciones entre las que se encuentra VALHALLA y es ahí donde le tienes que dar. A esa y solo a esa, Valientín, tenlo muy presente y no hagas más el gamba.

-De acuerdo, así lo haré, no os preocupéis. Y hay dos preguntas que os quiero hacer antes de que nuestros caminos se separen, queridos amigos, si es que me permitís llamaros así.

Ambos me miraron asintiendo y sonrientes.

-La primera es que si han sido muchos los que se han logrado fugar del purgatorio… Es que me pica la curiosidad.

-¿Muuuchos?- contestó Judas -¿Acaso te has creído que esto es un coladero o qué? Tú vas a ser el primero, querido amigo, aunque hubo un caso anterior al tuyo, en el que no intervinimos Sbrodj ni yo, y no sabemos cómo lo hizo aquél individuo. Se trataba de un tal Clint Eastwood, un tipo experto en fugas, que murió antes de tiempo, y descontento con el trato que aquí recibía consiguió fugarse y volver vivo a la tierra, fue un caso sorprendente.

-Sí, tratándose de Clint Eastwood todo es posible, ya lo creo- yo me hice el experto -, pero hay que ser muy habilidoso para conseguir escapar de aquí sin ayuda de nadie, y encima por dirección prohibida porque iba con destino a la tierra… Y la segunda es para ti, mi querido Sbrodj: ¿cuál es la razón por la que ocultas ser un arcángel? ¿Eres como un superhéroe de los que tienen doble identidad o algo así?

-Je, je, je… Pues verás, Valientín, lo oculto por prudencia, porque si me dedicara a pavonearme por aquí luciendo mis grandes alas blancas todos querrían que les firmara autógrafos y hacerse selfis conmigo, y luego vendrían las entrevistas con periodistas, las televisiones…  ¡Sería espantoso! No quiero ni imaginarlo.

-Vaya, ya entiendo, debe de ser un coñazo no poder ir tranquilamente por la calle sin que te asalten los fans. Mejor hacer como los superhéroes y ocultar tu identidad, tienes razón. Bueno… Creo que se acerca el momento de la despedida y ojalá que se crucen de nuevo nuestros caminos en el futuro, queridos amigos- ya sabéis que soy un blandengue y confieso que se me escaparon dos lagrimillas.

Los tres íbamos a abrazarnos cuando se me nubló la vista y sentí una fuerza de succión que me impulsaba hacia abajo.

-¡Hostias!- pensé -¡Ya llegó el túnel inverso! ¡A dar volteretas toca!

-¡Sujeta bien la tablet con una mano antes de usarla! ¡Dale al OTROS, dale al OTROS!- sus voces se perdieron en la lejanía, la succión se incrementó durante unos segundos y cedió por completo un poco después, y me encontré un poco aturdido flotando como un astronauta perdido en una oscura nada negra.

-¡No puedo fallar! ¡No puedo fallar!- me repetía para espantar mis miedos, que os confieso que los tenía -¿Dónde estará la dichosa tablet?

Hasta que se hizo visible como sucedió la otra vez, con su pantalla que desprendía luz azulada. Y ahí actué como un veterano, que es lo que era, y no me dejé intimidar. Sujeté bien la tablet con la mano izquierda y le aticé al OTROS de la primera pantalla, y al VALHALLA de la segunda, y el dispositivo se vio afectado por unos temblores antes de reaccionar.

-Ay, mi madre- pensé yo -¡A ver si se va a escachifollar esto ahora!  

-¿ESTÁ USTED SEGURO?- me preguntó.

Y yo apreté la opción del SÍ.

-¿PERO SEGURO, SEGURO?

No podía creerlo, estaba claro que había intereses oscuros ocultos en las distintas opciones, tendría que quejarme en cuanto diera con el director de aquello, ¡qué desfachatez! Y apreté insistentemente la opción del SÍ hasta que me encontré aspirado por el túnel directo que me acabó escupiendo esta vez sobre un monte rodeado por un mar de neblina que dificultaba la visión de unas imponentes murallas que protegían una ciudad salpicada de cúpulas doradas.

Me miré y ante mi sorpresa vi que había recuperado mi cuerpo tal como era antes de morir, sin nada de transparencias ni de luces azuladas, ¡qué alivio!, e iba vestido al modo de los guerreros vikingos, con un escudo redondo a la espalda y llevando un hacha de doble filo en la mano, pero mi sorpresa no acabó allí, sino que me froté los ojos, al ver que a mis pies se hallaba un dragón alado, seguramente enviado por Loki con el fin de trasladarme hasta la puerta del Valhalla, o quizás se tratara del mismo Loki transformado en dragón, vaya usted a saber qué se le habría ocurrido hacer esta vez al Sombrerero Loco, pero el caso es que me hacía señas para que me subiera sobre su lomo, así que en cualquier caso ¡qué gentileza la suya!

El caso es que me subí a horcajadas sobre él y en un pispás me llevó volando hasta la impresionante puerta del Valhalla, donde se encontraba esperándome una no menos impresionante rubia de ojos azules y vaporoso vestido, que se acercó sonriente hacia mí.

-Hola, soy Astrid- me dijo -la Valkiria asignada a ti, que supongo que eres Valientín, ¿no es así? Loki me avisó de tu llegada.

Y el dragón me guiñó un ojo.

-Valentín, me llamo Valentín- corregí yo.

-¿Cómo? ¿Te llamas Valentín y no eres Valientín?- se sorprendió la visión -Entonces se trata de un error, porque en mis papeles pone Valientín y no eres tú a quién yo estoy esperando…

Mi gozo en un pozo.

-Perdona, Astrid, sí que soy Valientín, pero pronuncié mal mi nombre porque estoy aterido por el frío que pasé durante el vuelo- expliqué, señalando al dragón, que me volvió a guiñar el ojo.

-Ah, bueno, en ese caso no hay ningún problema- me sonrió con dulzura.

-¡Cuidado, Astrid!- un hombre que portaba una espada se acercó hasta nosotros dando voces- Ese hombre te está engañando, le conozco perfectamente y se llama Valentín y no Valientín. No le hagas caso y vuelve aquí conmigo. Yo te protegeré de sus perfidias y añagazas.

Me volvía frotar los ojos porque no podía creer lo que veía. ¡Se trataba de Robertino, mi ex amigo del alma! Aquél ser repugnante que me había chuleado a mi mujer en vida y ahora me quería levantar a mi bella Valkiria… Sentí cómo una ola de ira me iba invadiendo.

-Robertino, infame traidor, ¿qué haces aquí?- exclamé -¡Si tú estás vivo!

-¡Mientes, Valentín! Nada más salir de tu velatorio me atropelló un coche en la puerta de tu casa y me dejó tieso allí mismo.

-Bueno, pero aquello no resultó una muerte muy heroica, ¿no? ¿Y cómo has podido llegar hasta aquí? ¿Cómo sabías dónde había que dar a la tablet azul?

-Oooh, todo resultó muy fácil, Valentín. Yo hice hace tres años un Master en Ciencias Ocultas en la Universidad de Rotterdam, donde me explicaron todo el proceso post mortem, así que a la tablet le di a “otros” y luego a “Valhalla” tal como allí me indicaron, y aquí presenté este certificado falso que tenía preparado para la ocasión en el que pone que morí heroicamente defendiendo las murallas de Asgard frente al ataque de los gigantes, ¡ja! Así que Astrid es mía porque yo llegué antes que tú, y lo mejor que puedes hacer es echarte a un lado- terminó blandiendo su espada frente a mí con gesto amenazador.

-¡Canalla, tramposo, mentiroso, recerdo mal parido!- os tengo que confesar que ahí perdí el control y comencé a darle golpes con mi hacha gritando enfurecido -¡Me llamo Valientín, me llamo Valientín!- hasta que le partí la cabeza en dos, y no contento con eso seguí propinando hachazos hasta que le hice añicos su puto certificado.

-¡Anda y que te jodan, Robertino! ¡Vete de cabeza al purgatorio, donde te reunirás con tu querida Isabel para siempre!- terminé jadeante por el esfuerzo.

Y os tengo que decir que Astrid no se mostró impresionada en absoluto sino que daba saltitos y palmoteaba alegremente ante el sangriento espectáculo.

-¡Me encantan los guerreros valientes, Valientín!- decía -¡Seré tuya para siempre! Vente conmigo, que te enseñaré el Valhalla y te presentaré a sus habitantes más ilustres.

La Valkiria cumplió su palabra y me presentó a sus habitantes, Loki incluido (que me hizo su consabido guiño al ser presentados), que resultaron ser unos chavalotes muy alegres con los que entablé amistad y compartimos generosas dosis de hidromiel al poco rato de conocernos, así que allí sigo con ellos tan feliz y tan contento en compañía de Astrid, mi dulce y bella Valkiria, que además resultó ser una chica juerguista, muy graciosa y divertida, que me tiene loco por ella.

Total, amigos, que termino como empecé, diciéndoos que cuando la dama negra vaya a visitaros, el que quiera seguir mis pasos ya sabe lo que tiene que hacer con la tablet: darle a OTROS y VALHALLA, que es así de fácil. Ah, y no olvidéis falsificar vuestros certificados hoy mismo porque la imprevisible dama se puede presentar en cualquier momento. ¿Veis cómo ha valido la pena escucharme durante un rato?

Y por último os quiero preguntar a todos y a cada uno de vosotros si ha habido algo que no hayáis entendido bien, para pediros que levantéis la mano si ha habido algo que no hayáis entendido bien… No veo ninguna, pero también puede ser porque tengo la luz apagada. En cualquier caso me podéis consultar vuestras dudas escribiendo a:

Valientín Sánchez Buitrago

c/ Dios Thor, 16

El Valhalla

Vía Láctea 300.982

¡Gracias por todo, abrazo fuerte, y sobre todo mucha suerte!

 

EN FIN…

Alle Rechte an diesem Beitrag liegen beim Autoren. Der Beitrag wurde auf e-Stories.org vom Autor eingeschickt Álvaro Luengo.
Veröffentlicht auf e-Stories.org am 06.01.2026.

 
 

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