Maria Teresa Aláez García

PIEL DECODIFICADORA.

¿Quién no ha probado a ponerse a bailar sólo en un espacio abierto, sin gente alrededor, con la música elevada y dejando que las ondas sonoras, las ondas magnéticas, las ondas eléctricas, las frecuencias musicales, penetren por cada poro erizado, por cada glándula, por cada centro nervioso de los muchos que adornan invisibles nuestra dermis?

¿Quién ha dicho que el vello de la piel, que nuestro pelo, no siente ni padece si el sistema nervioso lo tiene conectado de raíz a nuestro cerebro y nuestra mayor antena recibe cada contacto por cada uno de sus cilios?

Si no lo habéis hecho nunca, probadlo.

Coged una cinta o un cd o una cassette con las canciones que más os gusten, que más os llenen. Acudid a un espacio enorme, donde no seáis vistos a ser posible, no sea que os tilden de locos, horteras, estúpidos y mamarrachos porque no se atreven a dar amplitud a los sentidos que existen dentro y fuera de su cuerpo. Si algún amigo o amiga os acompaña en la experiencia, perfecto.

Colocad la luz que deseéis si es un espacio cubierto aunque la penumbra ayuda mucho a despertar los sentidos internos. Colocad la música en un tono que podáis escuchar y que no moleste.

Cerrad los ojos.

Dejad que vuestro cuerpo perciba. Dejad que la energía penetre por esos recónditos huecos a los que no damos más importancia que la de secar el sudor que mana de ellos. Dejad que la piel tacte, que los oídos capten, que la boca saboree y cante, que la garganta se llene, que los ojos callen unos momentos y dejen expresarse al resto del cuerpo.

Haced lo que os venga en gana. Dejaos caer, volveos a levantar, dad vueltas y más vueltas, poned las posiciones corporales que os hagan sentir más cómodos y seguros. Dejad que la música os mueva sin sentir nada, sin esperar nada, sin desear nada. Sólo el olvido, sólo el silencio dentro de vosotros, sólo la música que suena. No importa hacerlo mal o bien. No importa que dure unos minutos o una hora. Da igual las posturas, da igual las manos, da igual que el cuerpo se doble o se tuerza, da igual que en un momento os dejéis caer, que estéis acostados y luego os levantéis.

Puede ser posible que en un principio el cuerpo proteste porque no está acostumbrado a la libertad y los prejuicios lo encadenen. Hablad a vuestro cerebro con vuestra voz interior, romper los prejuicios, bailad, moveros, actuad, haced lo que no os atreveríais nunca a hacer en público. Quitaros la ropa, bailad desnudos, meteros en el mar y bailad en el fondo, iros a un campo y abrazad a los árboles, dejáos caer sobre la tierra y escucharla e intentar moveros a su son, su son profundo, su latido inconstante que vuestro corazón reconocerá en un momento. Necesitad de este alimento, de esta libertad, de sentiros vosotros mismos, de la misma vida que es la música. Libertad vuestra conciencia y callad vuestro cerebro. Y girad, girad como los planetas, como las estrellas, como os salga de dentro.

Por unos momentos, os sentiréis los dueños del mundo.

Y después, se acabará la vergüenza. Sólo quien haya hecho lo mismo que vosotros, lo entenderá y aplaudirá. Los demás se hallarán encantados de vuestra soltura, de vuestra falta de miedos.

Y vosotros os sentiréis llenos hasta arriba de vida y de la música de las esferas.

Muchos besos. Recomiendo ponerlo en práctica.

Cuidado con quien lo haga en un paracaídas o en un ala delta. Corre el riesgo de dejarse llevar de tal modo que se le olvide abrir el artefacto salvador.

¿Tipo de música? Cualquiera que en ese momento llene a vuestro corazón. Da igual. Que para gustos, hay colores. XDDDD

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 23.09.2006.

 

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