Brandon Balderas Rocha

Segundo día: Escarbando corazones

Nuestro encuentro fue excepcional sin duda alguna, pero más aún fue lo que siguió.
Esa madrugada nos acostamos cada uno por su cada cual con el pulso acelerado.
El color en el rostro y una sonrisa impertinente fueron nuestros acompañantes de sueño.
La fría duda de si en realidad había sucedido nos mantuvo despiertos al día siguiente.

Más que el miedo a que nuestra conversación hubiera sido una ilusión, surgió entonces el miedo 
a que nuestra conexión fuera una farsa destinada a durar solo unas madrugadas.
Nunca tuvimos miedo más absurdo, nunca estuvimos en mayor equívoco.

Si he de describir como llegaste a mi corazón he de decir que desde esos días en que comenzamos a hablar,
entraste como si fuera tu casa, entraste con tu caos y alegría, con tus inseguridades
y remodelaste con completa alevosía cada pared de cada cuarto que había clausurado por terremotos pasados.

Jugamos a no saber a qué estábamos jugando, siendo inocentemente culpables de lanzarnos preguntas:
preguntas para escudriñarnos, preguntas para comprendernos, preguntas para enamorarnos…
Me hablaste de ti y tú familia, tu pretérito tormentoso, tu presente hesitante... pero no tocaste el futuro.
Te hablé de mis riñas paternales, los complejos traídos desde la lontananza de mi infancia.

Pusimos a contrapunto a mi abuelo y a una escritora de “arde la vida”.
Entraste por medio de una sinfonía de paracaídas,
reíste entre falsamente atribuidos gustos a cárteles.
Fuimos cómplices en asuntos de moda y calzado.
Sequé tus lágrimas a distancia, acallaste mi angustia a kilómetros.

Me hablaste de tu pasión la cual te describe y resume.
Te conté de mis versos los cuales me construyen y expanden.
Ampliaste la trova en mi vida con un tal Luis Ramiro.
Te sorprendí conociendo sobre un Violinista en tu tejado.

Te enseñé mi mente y comencé a mojar tus pensamientos con gotas de conciencia.
Me mostraste tus cicatrices y empezaste a cauterizar mis sentimientos con flamas de locura.
Descubriste cada pequeña visión absurda e idealista que tenía del mundo,
mientras yo interpretaba silenciosamente cada foto, cada estrella, cada nombre, cada pausa.
Empezamos sin vergüenza y sin derecho… a enamorarnos.

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 25.03.2018.

 

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