Gilberto Herrera López

Un oscuro camino…

7:34 am

Que extraño se veía todo desde esa perspectiva. El asiento bien cerca del mentón, el techo alto hacia arriba, en fin todo de cabezas.

5:15 am

Un rato antes. La madrugada se tornaba fría y oscura, una espesa neblina pronosticaba un soleado día.

Allí estaba él, junto a la carretera. Era un ser oscuro y no solo por su negra y sucia vestimenta, sino por su escura presencia, su tez era negra y estaba  adornada por una fea cicatriz desde la oreja hasta el borde del labio inferior. Ahí esperaba. Caminaba algunos pasos, encendía un cigarro y canturreaba alguna oscura canción.

De pronto dos luces a los lejos llamaron su atención. Dio una larga bocanada la cigarrillo y lo tiró al piso con furia. Metío su mano en el bolso y empuñó un frió cuchillo, victimario de muchos y de… muchas.

El auto se acercaba, le hizo señas con el pulgar.

Sonreía cuando se detuvo frente a él. Era un carro antiguo, no por eso dejaba de ser lujoso, de color gris pálido y bonitos adornos cromados. Al bajar la ventanilla por la parte del chofer se mostró una mujer cuarentona, algo regordeta y de sonrisa afable.

-Me lleva hasta la ciudad. Fue la pregunta del oscuro, tratando de poner su más dulce voz.

La señora miró al chofer, el qie asomó la cabeza era un hombre maduro, casi calvo, un simple bigotico adornaba su ancha cara.

  • Si como no, suba, niños abran la puerta a este señor. – Le dijo mientras indicaba la parte trasera del auto.

Con una sonrisa fría y macabra se sentó en el asiento, justo en medio de un niño trigueño de unos 12 años y una pequeña de rizos rubios de unos 7. El auto arrancó

Apretó fuerte el cuchillo en su bolsa, aquello sería fácil, se veía que tenían dinero, que gran carro para viajar. Primero les cortaría el cuello a los padres, luego ahorcaría al chico y la dulce niñita para el final… la violaría con ganas. Que gran golpe, pesó para sí. Solo tenía que esperar el momento adecuado, algún lugar apartado, sin luces, lejos de todo. El auto avanzaba.

El momento llegó. Lo primero que sintió fue un fuerte frenazo, que lo hizo perder la inercia, sin darse cuenta los pequeños le apretaban cada uno de sus brazos, un fuerte dolor en los hombros, le hizo ver como los niños mordían y tiraban cada uno por su lado. Intentó gritar pero la regordeta mano del hombre le apretaba ahora la cara, la señora afanada a los pies se los alaba arañando y mordiendo los dedos.

La sangre brotaba de sus extremidades, con un crujido se separaron su brazos del cuerpo, dejando a la vista huesos y sangre. Su garganta trataba de gritar pero una fuerza superior lo aventajaba. Después de un golpe seco en el cuello todo terminó y quedo en silencio.

7:34 am

Que extraño se veía todo desde esa perspectiva. El asiento bien cerca del mentón, el techo alto hacia arriba, su cabeza acomodada en el asiento entre los dos niños. El niño mordisqueaba uno de sus dedos de la mano  y la pequeña acariciaba su pelo mientras se chupaba sus deditos ensangrentados.

El auto siguió su camino, avanzado hacia la ciudad, el día ya comenzaba, el viaje era largo aún, tendrían varios horas de carretera, por el camino tendrían que detenerse de nuevo a comer algo.

 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 23.03.2018.

 

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