Brandon Balderas Rocha

Recuento de tu partida

Tres últimos besos te he dado, todos y cada uno de ellos con amor en los labios,
con angustia en la mirada, con sabor a pecado.
Tres últimos besos te he dado y ninguno me supo a despedida.
Este es el primero de varios escritos que he de regalarme en tu honor,
está hecho a tu salud, a tu memoria, a nuestro amor y a mi derrota.

Desde tu partida he pasado ya diez días en armisticio,
y la soledad como amante recelosa no ha perdido tiempo en pasarme factura.
He tenido que encender un cigarrillo para espantar los fantasmas que rondan este cuarto solitario,
para ahuyentar tu recuerdo y conseguir un poco de sueño.
A ti nunca te ha gustado el tabaco, y bien sabes que mi único vicio ha sido tu piel,
es por eso que, para lidiar con este síndrome de abstinencia, he tenido que encender un cigarrillo, y no fumarlo.

Desde que te fuiste mis madrugadas son un poco más tempranas,
si he de ser sincero, te llevaste una buena parte de mi vida contigo.
y dejaste una buena parte de ti en mi cama, en mi cielo…en mi futuro.
Mi desgracia es que ni si quiera en mi narcolepsia puedo alejarme de la realidad,
te perdí, ya no estás, me quedé amando solo.

Es curioso como el tiempo que pasamos juntos pasó volando
doscientos treinta y seis días a tu lado se fueron en un minuto
y hoy…Hoy cada minuto dura un infinito,
hoy el tiempo decidió regresarme las horas que nos robamos.
Tengo cuatrocientas madrugadas acumuladas en mi pecho para ti,
ciento setenta y un besos atiborrados en la puerta esperando tu regreso,
Poseo también treinta rosas sin espinas en mi sangre
seis suturas mal terminadas en el corazón,
cinco eternidades de vidas pasadas reclamándome a diario,
cuatro ventanales de la casa que no tuvimos,
tres balcones para compartirnos y poseernos.
Tengo dos manos que se mueren por acariciarte,
una carta llena de respuestas a preguntas que nunca me hiciste.
Y cuento con media existencia lista para que le devuelvas la mitad que te he dejado.

Pero al final del día mientras abrazo tu recuerdo,
mientras recorro con mis dedos las sombras de tus piernas,
mientras me guardo un beso en estos labios marchitos,
mientras aprieto con fuerza la música que dejaste sobre mi pecho
y aspiro con alevosía cualquier rastro de tu aroma en mi almohada…
Al final del día con una lágrima en cada mejilla, en el lugar donde nacía tu hoyuelo,
en el lugar que recorrieron otrora vez con ternura y lentamente tus labios.
Al final del día mientras me juro silenciosamente que no vas a volver,
mi vida se termina un poco más.

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 04.02.2018.

 

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