Jose Samino Jimenez

La bola de cristal

Érase una vez un pequeño pingüino encerrado un una pequeña bola de cristal. Lo único que le rodeaba era nieve y pequeños copos blancos que , a veces le nublaban cuando su dueño, un pequeño muchacho, le daba vueltas a su pequeña burbuja. Y lo volvía aposar en su escritorio. Muchos años, el niño y el pingüino compartieron la misma vida. Para él, la figurita estaba encerrada en su mundo ideal, en esa pequeña bola rodada de lo que más le gusta y protegida por la blanca nieve. El chico también se encontraba protegido. Estaba en su casa con su familia y vivía en un pueblo lleno de amigos. Para él, encerrados todos en una cúpula de la que cualquier día saldría nieve si se gitaba desde el exterior. Creía haber encontrado la felicidad. Pero llegó el día de irse. De salir de esa bola y ver el mundo exterior por sus propios ojos; Y claro que el niño tenia miedo.. se iba a despegar de todo lo que amaba y le gustaba pero tenía que intentarlo. Su escritorio quedó vacío salvo por la pequeña bola.

–Volveré. Lo prometo- dijo el dueño al pingüino. Y así, pasaron días y días, semanas, meses hasta años enteros.

Hasta que un dia la puerta del cuarto se volvió a abrir. Era el muchcaho convertido ya en un joven adolescente. Había vuelto a casa después de haber estado estudiando fuera.

Una sonrisa recorrió los surcos de sus labios, mientras recordaba todo lo que había vivido fuera.

Entonces lo vio. Su pingüino encerrado en esa bola, llena de polvo y con un aire de tristeza. Nunca lo comprendió hasta ese momento. El pingüino no estaba encerrado en su mundo ideal, la bola era sobreprotectora y resultaba asfixiante. La cogió y la agitó fuertemente, viendo los copos que tapaban la vista de este al exterior. De esta forma, el joven cerró los ojos y dejó caer la bola para que esta impactara contra el suelo y el cristal se rompiera en trozos pequeños, diminutos. "Eres libre". Dijo este minetras visualizaba la figura del pingüino, intacta saboreando el aire de la libertad.

Así, el muchacho prometió que llevaría su figura a todas partes donde él fuese, libres los dos, lejos de cualquier bola de cristal.

Al fin y al cabo habían sido uno desde todo este tiempo.

 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 14.08.2016.

 

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