José Pablo López

Cosa de gnomos

Tal vez sea cosa de gnomos y de magia o simplemente de algo que no entendemos. Lo único que sé con certeza es que aquella noche nada parecía real; ni la bruma espesa, sabor caramelo ni el atronador silencio que bullía, desde cada rincón de aquel paisaje extraído de un cuento de Ambrose Bierce.
Medio atontado por el exceso de cerveza aguada  y la desbordante vocería de la taberna, salí  al frío de la noche, anhelando un poco de soledad y disfrutando, de antemano, dela calidez de mi cama. Sin embargo, en el instante que cerré la puerta y tuve el primer contacto con una ventisca hostil  que se coló por las costuras de mi profuso e ineficaz abrigo, me embargó una imperceptible sensación de irrealidad, que aún hoy me cuesta definir.
Es el alcohol, traté de convencerme tímidamente. Pero esa mentira insegura sólo duró un par de segundos, el tiempo necesario para descubrirme en medio de ese camino de tierra que se perdía, serpenteando, en el espeso bosque que se descubría ante mí, como una invitación. Una invitación que, lo sabía muy bien dentro de mí, debía rechazar. 
Di el primer paso, indeciso, al que le siguieron otros, cada vez más temerosos. La niebla se adueñaba de la noche, escondiendo las estrellas tras su manto gris  y mi respiración era el único sonido que cortaba ese paisaje espectral.
A la distancia, una tenue luz titilaba, en medio de la negrura espesa que atenazaba mi corazón. Una danza  crepitante amarilla y anaranjada, que provenía de un farol o de una fogata, capturó mi voluntad y me atrajo sin que pudiera yo detenerme o alejarme.
Si la noche, la niebla y el silencio que me oprimía era poco real, lo que presencié al acercarme a aquella luz fue, sin lugar a duda, algo de otro mundo. Nada que pudiera explicar desde la cordura.
Sin embargo, lo que sucedió es tal cual voy a relatar. Y poco me importa si me consideran loco o si simplemente me ignoran por fantasioso o idiota. Así fue como conocí a Elcazar, el gnomo y lo que viví durante los siguientes veinte años en su aldea. Doy fe.  
 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 13.05.2016.

 

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