Rachael DeLaCruz

La Calabacita

Había una vez, vivían dos panaderos. Los dos hombres eran los dueños de una panadería. A toda la gente en su pueblito le encantaban sus postres de calabaza. Por eso, los hombres eran muy respetados en su pueblito. También, ellos le enseñaban clases de cocina, gratis. Los panaderos estaban muy contentos y felices. Peros, en realidad, pensaban que había una carencia chiquitita en sus vidas. Pero, no sabían lo que les faltaba.
 
Un día un hombre rubio, muy guapo, y alto entró a la panadería. El parecía rico porque llevaba un traje. También, su piel parecía como si fuera de oro. Él les dijo “yo soy el propietario de los fincas de las calabazas en todos los pueblos en este región. Por ende, yo quisiera pedir 100 de sus pasteles de calabaza, para una fiesta en mi hacienda.”
 
Los panaderos estaban muy sorprendidos y orgullosos. Pero le dijeron que “no estamos seguros de que podamos cocinar tantos postres de calabaza.” Sólo entonces, oyeron un choque atrás de su cocina. Los panaderos corrieron a ver qué pasó. Encontraron a una nena chiquitita subiendo su basurero. Ellos le dijeron “¿estás bien, nena? ¿Qué haces?”
 
Ella les respondió “Perdónenme Señores. Se me cayó la tapa. Tengo hambre, y yo sé que hay pan duro en su basurero.”
 
“¿Porque tienes hambre? ¿Dónde están tus padres?”
 
“Mi mamá está muerta, y mi papa necesitaba trabajar en la cosecha de las calabazas. El me dejó hace unos días. Todavía no ha vuelto.”
 
“Pobrecita, por favor, ven a la casa y come cualquier comida que quieras. Tenemos los postres más riquísimos.”
 
Cuando los panaderos y la nena entraron a la panadería, el hombre de oro todavía estaba esperando con una cara enojada. El Oro dijo, “Disculpa. ¿Van a hacerme los 100 postres?” La nena gritó “¡Órale, 100 postres!”
 
Los panaderos dijeron “lo siento, señor, necesitamos ayudar a esta niña ahorita. No podemos.”
 
Él les dijo “si cocinaran los pasteles, yo les pagaría muchísimo dinero.”
 
Ellos le dijeron “muy amable y generoso, pero no gracias.”
 
“Si les pagara, le ayudarían a la chica mejor.”
 
Ellos pensaban que él tenía razón. Entonces, le dijeron “Estamos de acuerdo. Vamos a cocinar 100 postres de calabaza para su fiesta.”
 
Durante los días siguientes, los panaderos, con la ayuda de la nena, cocinaron muchísimos pasteles. Los hombres y la nena se estaban conociendo. Cada noche le leyeron libros a la nena y compartieron un postre de calabaza.
 
En el quinto día, faltaban solamente 10 postres. Todos trabajaron todo el día y terminaron, inmediatamente antes de que el hombre de oro llegara. Pero, cuando el contó los postres, solamente había 99. Todos los hombres estaban confundidos. El Oro gritó, “¿Dónde está el centésimo? Pedí 100.  ¡Qué barbaridad!” La nena no estaba confundida, porque ella había tomado el último postre y lo escondió, para compartir con los panaderos en la noche.
 
Los panaderos nerviosamente fueron a la cocina para buscar el postre desaparecido. El Oro camino tan cerca de la nena y le hablo muy bajo, “¿Dónde está el postre?”
 
Ella era una nena muy honesta. Entonces, le dijo “Perdóname, Señor. Me gustaría compartir el postre de calabaza con los panaderos.”
 
El Oro estaba furioso. El apuntó un dedo largo y delgado en su carita, y le dijo “Eres una niña fea. Nadie te quiere. Tu papá te abandonó. Estás equivocada si piensas que los panaderos te quieren. Ellos no te querrían, aunque fueras una calabaza.” El chasqueó los dedos y ella se trasformó en una calabaza.
 
Los panaderos volvieron, y le dijeron “Lo siento, Señor. Es una lástima que no encontremos su centésimo postre.”
 
El Oro dijo, “Está bien. Usen esta calabaza para cocinar un postre más.”
 
Pero le preguntaron “¿Dónde está la nena? 
 
El Oro les dijo “Ella robó el centésimo postre y se fue. Lo siento mucho.”
 
Los panaderos corrieron y gritaron en la calle. “¿Dónde estás, nena? ¡Regresa, por favor! Te queremos.”
 
El Oro siguió y les dijo “Si Uds. no cocinaran el ultimo postre, no les pagaría.”
 
Ellos respondieron “¡Déjanos! No nos importa tu postre ni tu maldito dinero. La extrañamos a la nena. Hay una carencia en nuestra vida.”
 
El Oro les dijo “Buena suerte. Ella se ha ausentado.” Y el salió. 
 
Los panderos buscaron a la nena por muchas horas. Regresaron a la panadería para comer. Vieron la calabaza en el piso. Dijeron, a ella le encantaba compartir el postre de calabaza con nosotros. Si cocináramos un pastel, ella podría volver.
 
Los panaderos estaban de acuerdo y empezaron cocinar con mucha esperanza y mucho amor.
 
Sacaron el cuchillo grande para cortar la calabaza. Cuando el cuchillo grande tocó la calabaza, había un flash de luz tan brillante. 
 
En ese momento, la nena se apareció en la mitad de la calabaza rota. “¡Un milagro! Te queremos. Ahorita, ya no hay una carencia en nuestra vida, porque tenemos nuestra calabacita. 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 27.08.2015.

 

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