Héctor de Souza

Oblivion (Olvido)

El hombre había descubierto las reglas del olvido. Mediante unas ingeniosas técnicas mnemotécnicas administraba un proceso artificial que aplicaba a voluntad. Podía olvidar en cuestión de segundos aquello que sabía.
 
Hasta entonces, la desmemoria respondía exclusivamente a motivos como la casualidad natural, las lesiones cerebrales, las amnesias, el alcohol, la cura del sueño o el suicidio. En cambio, el hombre era poseedor de una habilidad insólita para extraviar recuerdos, los más importantes y los ínfimos. Con el dominio del olvido, no padecía el deseo ni –era su pensamiento– esa infalible frustración que ha de sobrevenirlo.
 
Su artesanía tenía algunas fallas, vislumbraba. Requería de una alta concentración. No podía distraerse un instante; con solo pestañear podía sufrir el destello de un recuerdo.
 
También debía evitar todo elemento significante; aunque ello es imposible. Una imagen, una palabra, un olor, un sonido, tienen la capacidad de hacer presente lo que no está presente.
 
En cierta ocasión, caminaba por una calle céntrica que no recordaba haber recorrido nunca. El día era diáfano. Todo parecía brillar a la luz de un sol de primavera. Al pasar por una casa de música, llegó a sus oídos el melodioso y tristón sonido de un violín. Casi de inmediato, se desató un proceso asociativo: creyó reconocer el tango Oblivion, y se presentó en su mente un nombre. Ese nombre había estado retenido en la memoria. Y, aunque todavía sin sentido, se activó con la audición de aquella música que corría por el aire.
 
Se sintió arrebatado por la música del violín y por la música del nombre evocado. Por un momento temió que estaba perdiendo el olvido.
 
Sin dilación, entró a la tienda y se abalanzó sobre uno de los vendedores.
 
–¿Mica…qué? –le interrogó el vendedor de la casa de música, con una mezcla de escepticismo y desprecio.
 
–Mi-ca-re-li –silabeó el hombre–. Lucia Micarelli (con elle). Es un apellido italiano –agregó, y un gesto de humilde ansiedad se le dibujó en el rostro.
 
–No, no la tengo… ¿Está seguro de que existe?
 
Sintió una especie de dulzor que nunca había sentido. Fue un alivio saber que su olvido no fallaba.
 

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Nota:
 
Lucia Micarelli es una malograda violinista nacida en Queens, Nueva York, en 1983. De ascendencia italiana y coreana, comenzó a tocar el violín a los tres años de edad y tuvo su primer concierto junto a una orquesta a los seis años.

En 2004 editó su primer álbum musical titulado “Music from a farther room”.  Interpretó allí una mezcla de piezas clásicas y populares. Entre estas últimas, Oblivion, tango compuesto por Astor Piazzolla.

Micarelli fue una estrella fugaz en el firmamento musical. Tuvo enorme notoriedad por su arte con el violín y fue muy conocida por haber trabajado con figuras destacadas de la música. Una lesión en su mano la hizo desaparecer hasta dejar de estar en la memoria colectiva. Aún pueden encontrarse en Internet videos que dan cuenta de su virtuosismo.  Hoy son pocos los que recuerdan este olvido social.

FIN
 

 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 22.05.2015.

 

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