Cova Perez Lanzos

Lija y terciopelo

Y llega ese momento en que te ves a ti misma tirada en la cama, flaca, pálida, sin ganas de nada porque lo has perdido todo. Llorarías, pero no te quedan lágrimas suficientes como para demostrar cuánto le has querido. El mundo entero sigue su curso, pero en ti ya no hay movimiento, te has quedado quieta. Sus fotos son veneno, los recuerdos cortan como cuchillas y el sabor de sus labios se ha ido esfumando poquito a poco.
            No volverá, ha volado muy lejos, a otros brazos, a otros cuerpos desnudos ansiosos por mostrarle exóticos paisajes que no pudo encontrar en mí. Putas mariposas muertas que vomito cada noche, duelen como cristales rotos atravesando mi garganta, no tintinean, sólo hieren. Me pregunto cuántos estómagos más habrá roto, sobre qué vientre desnudo posará ahora sus mejillas para recostarse a dormir. Recuerdo, y lo lamento, preferiría morir antes que recordar, cómo los susurros de su aliento me erizaban la piel y aceleraban mi corazón, pero creo que entre los insectos muertos se ha colado algún trocito de él. Ya hace que no lo oigo latir. Puede que se haya roto para siempre, puede que haya muerto.
Quizá mi vida se haya ido con él y ni me he dado cuenta. Sé que lo intenté, que sangré horas de mi existencia por sacarle una sonrisa, que le hubiese permitido cortarme las alas y no volver a volar, amordazarme para no despedirme ni una vez más, abrirme las venas sólo para que viera cómo a mi sangre la impulsan latidos que llevan su nombre. Y finalmente, ni hacerle un abrigo con mis plumas bastó. Echó a volar, para siempre, dejando tras de sí tan sólo la estela del recuerdo…
Cómo quisiera odiarlo, pero tan sólo puedo pensar en él. De mi cuerpo no se borran las huellas de sus manos, mis sábanas siguen oliendo a él. Empieza a ser horrible la espera de algo que no va a ocurrir. Sólo una mente perturbada se quedaría de brazos cruzados esperando su regreso, y hoy por hoy a mi pueden llamarme loca. Aquí estaré, aquí seguiré porque lo único que me queda es el placer de llorar su falta, de extrañar sus brazos y de helarme sola cuando venga el puto invierno, tan frío, tan largo. Lo buscaré entre mis sueños, no dormiré intentando encontrarlo. Si el amor ha sido tan frágil, la despedida será aún más cruel y silenciosa que su indiferencia.
Me toca a mí vivir el desconsuelo, ahora que si bien no he podido ganar la partida a su orgullo, me queda al menos la oportunidad de forzar a la tristeza a escribir el terrible y rebelde punto final.
 

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 15.11.2014.

 

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