Rocío Olmos

Pelaje Extravagante

Manzanas

El otro día vi un centauro. Quise acercarme porque había llamádome mi atención. ¿Por qué? Porque tenía el pelaje naranja sino ¿por qué otra razón? Cuando me acerqué a saludarlo, me ignoró con aire de autosuficiencia y se movió para alejarse de mí. Obviamente me sentí ofendida, porque está claro que en esta sociedad los centauros son discriminados por su cintura de animal, pero yo no era de esa clase de personas. 
De cualquier modo, no pensaba irme. No sin antes haber acariciado y tomado una foto de un ser tan extravagante como aquel. Pensé y pensé de qué manera poder comunicarme con él sin que me rechace. Y es ahí cuando agradecí que me gustara leer. Me dije a mí misma que siempre es útil leer esos libros olvidados que la mayoría considera inútiles. 

Tratando de recordar el manual de "Cómo tratar a un centauro altanero que no permite que se le acerquen personas porque cree que todas son iguales de discriminadoras" que leí el verano pasado, me acerqué de nuevo, pero esta vez con una nueva estrategia.
Abrí mi mochila y saqué una manzana. Me puse en frente de él y empecé a comerla saboreando cada moridida y cada tanto comentando cosas como "mmm, está muy buena" "sí, definitivamente valió la pena hipotecar mi casa para comprar muchas manzanas" "es la manzana más rica que probé en toda mi vida". 

Es sabido que los centauros de la actualidad aman las manzanas, las adoran, son como su droga, bueno, por lo menos para mí que me fascinaba esa especie, sabía de ello.
Haciéndose el indiferente, el centauro me empezó a mirar de reojo mientras se acercaba. Al ver esa reacción en él, me alejé un poco, ignorándolo. Obviamente iba a terminar ofreciéndole unas manzanas, pero no sin antes devolverle la indiferencia. Claro está que la venganza es algo de lo que muy pocos humanos pueden resistirse.
"¿Qué estás comiendo?" se atrevió a preguntar. 

Como dije iba a devolverle su indiferencia así que respondí un seco "nada".
Los centauros son muy orgullosos, haber logrado que me preguntase algo era un gran avance. Después de mi respuesta, dudaba que lo volviera a hacer. Nunca se rebajan ante nadie. Opté por continuar yo la conversación. Después de todo, con mi indiferencia no iba a llegar a ningún lado y perdería la oportunidad de acariciar ese pelaje anaranjado que aparentaba ser sedoso y de tomarle una foto.

Le mencioné sobre hacer un trato: darle manzanas a cambio de que me dejase acariciarlo y tomar una foto. Asimismo, le expliqué lo fascinada que estaba con su exuberante pelaje, lo mal que veía aquellos que los discriminaban y que me gustaría tomar una foto como recuerdo.

A regañadientes aceptó. No lo hizo por mis explicaciones, sino por las manzanas. Acaricié ese pelo hermoso.

Fue como tocar el mismísimo cielo con las manos. En mi vida soñé con poder palpar una textura de mayor magnificencia. Sigo sin entender aquellos que los discriminan. ¿Quién podría discriminarlos teniendo ese pelaje? Los envidio sanamente. El centauro resopló sacandome de mi ensimismamiento. Tomé la foto, le di las manzanas y se fue a trote vivo para ya nunca volverlo a ver.

 

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Veröffentlicht auf e-Stories.org am 26.02.2014.

 

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